.REDACCIÓN
l pasado 26 de junio concluyeron en Pekín las conversaciones
de seis países sobre el programa de armas nucleares de Corea
del Norte. El principal resultado de la reunión fue la decisión
de estas partes de realizar otra ronda de conversaciones a finales
de septiembre. El viceministro chino de Exteriores, Wang Yi, que
ejerció de anfitrión, manifestó como novedades
que la República Popular Democrática de Corea (RPDC)
o Corea del Norte había accedido a la “congelación
de su programa de armas nucleares” y que EEUU había
presentado, por primera vez, un “plan concreto” que
daba a Corea del Norte tres meses para elaborar una lista de todas
sus instalaciones nucleares, congelar sus actividades en ellas,
eliminar algunos componentes básicos para la fabricación
de armas y aceptar inspecciones de la Agencia Internacional de Energía
Atómica (AIEA). A cambio, Washington ofreció diversos
incentivos como la promesa de “no poner en práctica
políticas hostiles contra Corea del Norte” y no oponerse
a que otros países suministren combustible y alimentos a
Pyongyang.
Lo más novedoso del plan era que EEUU parecía aceptar
la posibilidad de una “congelación” del programa
nuclear norcoreano en lugar de su desmantelamiento “total,
irreversible y verificable”, tal y como había venido
exigiendo hasta ahora. La idea de la “congelación”
del programa no había sido vista anteriormente con agrado
por Washington, que consideraba que supondría, de hecho,
una interrupción del proceso dirigido a la total eliminación
del programa.
Por su parte, Corea del Norte presentó durante las conversaciones
de Pekín su propia propuesta, que consistía precisamente
en congelar de forma temporal las actividades de su instalación
de enriquecimiento de plutonio en Yongbyon, a cambio de 2.000 megawatios
de energía eléctrica cada año, que vienen a
suponer una cuarta parte del total de su consumo. Ésta era
también la cantidad de energía que podían generar
los dos reactores nucleares de agua ligera que Pyongyang iba a recibir
conforme al Acuerdo suscrito con EEUU en 1994 y que Washington finalmente
no respetó.
Como consecuencia de aquel incumplimiento, Corea del Norte reanudó
su programa nuclear y ha fabricado hasta el momento unas ocho bombas
nucleares. Aunque los norcoreanos se abstuvieron de llevar a cabo
una prueba nuclear con motivo del 55 aniversario de la fundación
de la RPDC, Pyongyang anunció el pasado octubre que había
concluido el proceso de reprocesamiento de 8.000 varillas nucleares
con las que podría fabricar varias docenas de armas nucleares.
La discusión se centra en ver si la congelación del
programa nuclear norcoreano sería sólo una primera
fase para su desmantelamiento o un fin en sí mismo, que sería
independiente de otras fases a las que se pudiera llegar mediante
futuras negociaciones, tal y como desea Corea del Norte, que no
parece dispuesta a abandonar totalmente su programa, que considera
vital para la defensa del país. En este sentido, la mayoría
de analistas señalan que si Pyongyang acepta la congelación,
lo hará sólo en la medida en que pueda retomar el
programa rápidamente con el fin de fabricar más armas
nucleares si lo considera necesario.
Según fuentes norteamericanas, Corea del Norte mantiene activos
en la actualidad dos programas nucleares: uno estaría basado
en el plutonio, material que Corea del Norte extrae de sus plantas
de energía nuclear. El otro estaría fundado en el
enriquecimiento del uranio. La importancia de este tema es que el
enriquecimiento del plutonio es un proceso difícil que requiere
la utilización de un gas, el krypton-85, cuya presencia es
fácilmente detectable. Esto hace que Corea del Norte pueda
únicamente llevar a cabo tal proceso en su instalación
nuclear de Yongbyon. Sin embargo, el proceso de enriquecimiento
del uranio es mucho más difícil de localizar y podría
estar siendo llevado a cabo, según EEUU, en alguna instalación
situada en el interior de una de las montañas del noreste
del país.
Fuentes norteamericanas han informado también que Corea del
Norte podría estar dispuesta a congelar el primero de estos
programas, pero probablemente no el segundo. Por su parte, Pyongyang
ha negado mantener activo un programa para el enriquecimiento del
uranio desmintiendo así las afirmaciones de Washington. Los
otros países participantes en las negociaciones han mostrado
también su escepticismo hacia las afirmaciones norteamericanas
en este tema. China, por ejemplo, ha declarado expresamente que
no cuenta con ninguna prueba o indicio de que Corea del Norte esté
desarrollando un programa de esas características.
Razones detrás del cambio de la postura de Washington
Durante la actual ronda de negociaciones se puso de manifiesto
que la intransigencia de EEUU al pedir un desmantelamiento “total,
irreversible y verificable” del programa nuclear de Corea
del Norte había sido derrotada, no sólo por la negativa
de Pyongyang a aceptar tal propuesta –que sólo podía
ser impuesta, según Corea del Norte, a un país derrotado
en una guerra-, sino también por el rechazo de los otros
cuatro países –Rusia, China, Japón y Corea del
Sur- a apoyarla.
Un comentarista norteamericano ha señalado con ironía
que cuando EEUU aceptó las conversaciones a seis bandas sobre
el programa nuclear norcoreano lo hizo esperando que las negociaciones
se convirtieran en una pugna de cinco contra uno y que Corea del
Norte se viera aislada, incluso por Rusia y China, y obligada a
hacer concesiones. Al final, sin embargo, ha sucedido justo lo contrario.
Rusia, China, Japón y Corea del Sur han recibido con agrado
la postura de Corea del Norte de ofrecer una congelación
de su programa nuclear a cambio de la firma de un tratado de no
agresión entre Washington y Pyongyang, oferta esta última
que ha sido rechazada repetidamente por EEUU. Asimismo, estos cuatro
países han venido insistiendo en que se compense a Pyongyang
con ayudas de tipo económico y energético por cada
paso que dé en la congelación o desmantelamiento de
su programa nuclear.
Además, los dos aliados de EEUU en las conversaciones –Corea
del Sur y Japón- han puesto en marcha iniciativas de acercamiento
diplomático a Corea del Norte, al margen del proceso de negociaciones
sobre el tema nuclear. Corea del Sur ha concedido en los pasados
meses ayudas económicas al Norte. Japón, el aliado
más importante de EEUU en la región, ha mostrado incluso
su disposición a firmar dentro de dos años un tratado
de amistad y cooperación con Pyongyang.
Asimismo, Rusia y China, los tradicionales aliados de Corea del
Norte, han mantenido también sus ayudas a este país.
Pekín ha incrementado en los pasados meses sus envíos
de petróleo y alimentos a su vecino y Moscú ha aportado
también ayuda financiera. Corea del Norte se beneficia también
de su posición estratégica, ya que un cambio de régimen
en Pyongyang podría significar la presencia de tropas estadounidenses
junto al Río Yalu, que marca la frontera entre Corea del
Norte y China. El temor a esta posibilidad fue precisamente el factor
que empujó a China a intervenir en contra de EEUU en la Guerra
de Corea (1950-53). Corea del Norte puede extraer asimismo ventajas
de un posible empeoramiento de relaciones entre Washington y Pekín,
motivado por la venta de armas norteamericanas a Taiwán.
Recientemente, EEUU ha realizado maniobras en el Pacífico
que simulaban un enfrentamiento con China con el trasfondo de un
conflicto en el Estrecho de Taiwán. En este contexto, Corea
del Norte sigue siendo el aliado valioso que China no puede perder.
Dado su aislamiento en las conversaciones y la difícil situación
que atraviesa en Iraq –que resta valor a sus amenazas de intervención
en otras partes-, EEUU tuvo que ceder a lo inevitable y así,
el pasado 2 de julio, tuvo lugar una sorprendente reunión
en Yakarta, al margen del encuentro anual del Foro de Seguridad
Regional, entre el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, y
el ministro de Exteriores norcoreano, Paek Nam-sun. El objetivo
declarado del encuentro fue el buscar fórmulas para romper
el hielo en las relaciones entre ambos países, que han sufrido
un fuerte deterioro tras el discurso de Bush en que calificó
a Corea del Norte de país miembro del “eje del mal”
(junto con Irán e Iraq).Durante la entrevista, Powell dijo
a Paek que Washington no sólo no tiene planes para llevar
a cabo un cambio de régimen en Corea del Norte o iniciar
una agresión militar, sino que también está
dispuesto a colaborar en diversas esferas, a pesar de las diferencias
ideológicas existentes, si ambas partes llegan a un acuerdo.
Detrás del cambio de postura de EEUU existe también
una clara motivación electoral. Si las conversaciones de
Pekín tuvieran éxito Bush podría alegar que
había conseguido un triunfo al eliminar uno de los programas
nucleares más amenazadores para EEUU y también que
la política norteamericana no es unilateralista, puesto que
el acuerdo con Corea del Norte se habría producido en el
marco de unas conversaciones multilaterales.
Es difícil, sin embargo, de creer que Corea del Norte vaya
a participar en este juego y ofrecer a Bush una victoria en el plano
diplomático en estos momentos. Los norcoreanos consideran,
basándose en su experiencia con la Administración
Clinton, que los demócratas son más proclives a aceptar
acuerdos y menos belicistas y amenazadores que los republicanos.
Por lo tanto, es muy probable que Pyongyang prefiera negociar un
compromiso con una nueva Administración demócrata
antes que con el gobierno de Bush, que, no cabe olvidarlo, ha estado
promoviendo durante cuatro años una política inflexible
hacia Corea del Norte basada en la amenaza de sanciones e incluso
de un ataque militar preventivo.
Además y aunque se haya producido en la actualidad un cambio
en la posición de EEUU, nada garantiza que Bush vaya a mantener
dicha postura después de las elecciones. Una nueva Administración
republicana podría ignorar un acuerdo alcanzado ahora y volver
a poner en práctica su anterior política de dureza
hacia Pyongyang.
No cabe duda de que los círculos más extremistas de
la Administración Bush han visto con irritación el
cambio de estrategia norteamericana hacia Pyongyang. Algunos medios
norteamericanos denunciaron un intento de sabotaje de las conversaciones
que procedería de estos sectores. El día 24 de junio,
un día después de que EEUU presentara su plan, varios
periódicos estadounidenses publicaron titulares como “La
amenaza de una prueba nuclear norcoreana arroja sombras sobre las
conversaciones de Pekín”. Estos diarios señalaron
que durante el transcurso de las negociaciones el jefe de la delegación
norcoreana, Kim Kye-guan, había amenazado con llevar a cabo
una prueba nuclear. La filtración procedía de fuentes
anónimas, presumiblemente con acceso a los mensajes clasificados
enviados por la delegación estadounidense en las negociaciones
de Pekín a Washington. Algunos analistas sospecharon entonces
del halcón John Bolton, subsecretario de Estado para el control
de armas y la seguridad internacional, considerado el caballo de
Troya de los halcones neoconservadores dentro del Departamento de
Estado. Entre los aliados de Bolton se encuentra Robert Joseph,
encargado de temas de no proliferación dentro del Consejo
de Seguridad Nacional.
Armas nucleares frente a la amenaza
En realidad, la posesión de armas nucleares es útil
para Corea de Norte por múltiples motivos. En primer lugar,
proporciona a este país un prestigio y un lugar destacado
entre las potencias internacionales. Sin armas nucleares Corea del
Norte sería un país aislado e ignorado en la región
y en todo el mundo, similar a Myanmar.
Además, las armas nucleares son hoy por hoy la principal
garantía de que Corea del Norte no sufrirá un destino
similar al de Iraq, Afganistán o Yugoslavia. Resulta significativo,
en ese sentido, que la Administración Bush se haya negado
hasta el momento a firmar un pacto de no agresión con Corea
del Norte, pese a los repetidos requerimientos de este país
y el apoyo de los otros cuatro países que han venido participando
en las negociaciones de Pekín.
Los norcoreanos tienen, en realidad, muchos motivos para temer un
posible ataque norteamericano. Así por ejemplo, un documento
oficial norteamericano, el Nuclear Policy Review, publicado en febrero
de 2002 señalaba que EEUU podría utilizar armas nucleares
contra siete países: China, Rusia, Irán, Iraq, Siria,
Corea del Norte y Libia. Asimismo, en julio de 2003, la revista
US News and World Report reveló la existencia del Plan Operativo
5030, que consistía en la realización de grandes maniobras
militares destinadas a provocar un cambio de régimen en Pyongyang.
Poco después, el antiguo presidente de la Asamblea Nacional
de Corea del Sur, Park Kuan-yong publicó sus memorias en
las que desveló que en 1994 EEUU estuvo a punto de lanzar
un ataque contra las instalaciones nucleares norcoreanas sin dar
un previo aviso al gobierno de Corea del Sur. Este hecho resulta
preocupante para los norcoreanos, puesto que implica que no pueden
confiar en una intervención surcoreana para frenar un posible
ataque de EEUU.
Menos de un mes después de estas revelaciones, el ex director
de la CIA, James Woolsey, y el teniente general Thomas Mc Inerney,
antiguo jefe adjunto del Estado Mayor de la Fuerza Aérea
de EEUU, publicaron en el Wall Street Journal un artículo
en el que sostenían la viabilidad de un ataque militar contra
Corea del Norte. Ellos sugerían que la Fuerza Aérea
norteamericana podría lanzar unas 4.000 salidas diarias contra
este país, en lugar de las 800 que fueron lanzadas contra
Iraq en 2003. También abogaban por una invasión terrestre
que podría durar de uno a dos meses. Woolsey es un ultra
vinculado al grupo de los neoconservadores de la Administración
Bush y se muestra a favor de una postura de fuerza contra Pyongyang.
Por otro lado, es difícil que Corea del Norte vaya a aceptar
basar su estrategia de seguridad en simples promesas que EEUU podría
romper en cualquier momento. El ejemplo más reciente de esto
es lo que sucedió con el ya mencionado Acuerdo de 1994. Washington
se comprometía por dicho Acuerdo a la entrega a Pyongyang
de dos reactores nucleares de agua ligera, que no servían
para fabricar armas nucleares, el envío de suministros petrolíferos
y la normalización de relaciones a cambio de que Corea del
Norte paralizara las actividades del reactor de Yongbyon.
Corea del Norte comenzó a aplicar sus cláusulas del
Acuerdo y cerró la instalación de Yongbyon. Sin embargo,
la entrega de los reactores de agua ligera, que estaba prevista
para el año 2003, no se materializó. De hecho, su
construcción se hallaba todavía entonces en su primera
fase. Washington tampoco respetó su compromiso de normalizar
sus relaciones con Pyongyang. Al final y tras su llegada al poder,
la Administración Bush denunció el Acuerdo e interrumpió
los envíos de petróleo a Corea del Norte que era el
único punto del Acuerdo que los norteamericanos habían
respetado.
Otro de ejemplo que los norcoreanos tienen en cuenta es lo sucedido
en Iraq, país que se desarmó en los años noventa,
cumpliendo con las exigencias de la ONU. Al final, EEUU no quiso
reconocer este hecho y utilizó el tema de las inexistentes
armas de destrucción masiva iraquíes como pretexto
para invadir el país en marzo de 2003. La lección
resultaba clara: Desármate y prepárate para ser invadido.
De esta forma, Corea del Norte sabe que la posesión de armas
nucleares, y de misiles portadores para lanzarlas, sigue siendo
la mejor garantía de que Washington no se atreverá
a atacarla. En este sentido, los propios líderes norcoreanos
han sugerido que sus armas nucleares sirven solamente como un medio
de disuasión frente a una posible agresión norteamericana.
Si Washington desencadena una guerra contra Corea del Norte, los
norcoreanos podrían responder lanzando un ataque nuclear
contra las bases norteamericanas en Corea del Sur, Japón
o Guam, contra Alaska o incluso, gracias a un misil que Corea del
Norte está fabricando en la actualidad, contra Los Angeles
o San Francisco. Esta posibilidad convierte, de hecho, en imposible
una acción militar estadounidense contra Corea del Norte.
Así pues, todo indica que, sea cuál sea el resultado
de las negociaciones de Pekín, EEUU no va a tener más
remedio que acostumbrarse a convivir con una Corea del Norte nuclear.
Incluso aunque lo quisiera, Washington no podría atacar en
la actualidad dicho país dado que sus fuerzas continúan
empantanadas en Iraq y Afganistán. En este tiempo, Pyongyang
continuará ampliando su arsenal nuclear reforzando así
su posición frente a Washington y garantizando de paso su
propia supervivencia. |