.REDACCIÓN
n cuento sufí del siglo XIII narra que, en una ocasión,
un sabio manifestó que “la música es el chirrido
de las Puertas del Paraíso”. Una persona cerrada de
mente contestó: “No me gustan los chirridos de las
puertas”, a lo que el sabio respondió. “Oigo
las puertas cuando se abren, pero tú las oyes cuando se cierran”.
El sufismo es una corriente mística del Islam, que engloba
a unos 50 millones de personas de todo el mundo. Su propósito
es inspirar una unión entre los seres humanos y Dios, mediante
la elevación del alma a unos estadios más avanzados
de conciencia. Además de esta faceta espiritual, el sufismo
ha dado lugar una rica cultura, en forma de música y poesía,
que se ha desarrollado en diferentes ámbitos y países,
siendo especialmente destacables a este respecto los ejemplos de
Turquía, Pakistán y Senegal. Esto se explica por el
hecho de que la expresión emocional de la fe se intensifica
no sólo a través de la meditación, sino también
mediante técnicas artísticas como la música,
la poesía y la danza.
La mayoría de los sufíes están organizados
en tariqas u órdenes, que han creado elaborados rituales
de recitación, que incluyen danzas destinadas a generar estados
místicos que faciliten el camino de los iniciados (muridin)
hacia la unión con Dios.
En Turquía, existen tariqas como la Halveti (Jalwatiyya),
Rifai (Rifaiyya) y Kadiri (Qadariyya). Estas órdenes sufíes
llevan a cabo encuentros donde se recita de forma colectiva el dhikr
(frases o expresiones que recuerdan y alaban a Dios), basándose
en el verso coránico: “Recordadme y os recordaré”.
También son recitados los Atributos divinos que aparecen
mencionados en el Corán, versos del Libro y alabanzas a la
figura del Profeta Muhammad.
Los sufíes más conocidos a nivel internacional son,
sin embargo, los derviches de la Orden Mevlevi, que son famosos
por sus danzas giratorias que realizan con el acompañamiento
de poesía cantada del Mathnawi, la principal obra del fundador
de la Orden, Yalal al Din Rumi (1207-1273), uno de los más
importantes sabios sufíes de todos los tiempos. Rumi pasó
a ser conocido con el nombre de Mevlana (maestro) por sus seguidores
porque les enseñó un método de perfeccionamiento
espiritual. Este método incluye tres elementos que trascienden
las barreras de la comunicación humana: la música,
la poesía y el recuerdo. La combinación de estos tres
aspectos tiene lugar en la ceremonia de la danza giratoria (Sema).
La Sema, compuesta por siete partes, representa el viaje místico
de un individuo hacia Dios. La ceremonia intenta reflejar la naturaleza
giratoria de todo lo que se encuentra en la naturaleza, desde las
galaxias a los átomos. Mediante la Sema el sufí llega
al conocimiento de la Verdad, lucha contra su ego y abraza la perfección.
Cuando regresa de su viaje espiritual, lo hace como alguien que
aspira a servir con amor y entrega a toda la creación.
En lo que se refiere a las largas ropas blancas que los derviches
llevan en la Sema, éstas representan mortajas para el ego;
los largos gorros en forma cónica simbolizan tumbas de piedra
para ese mismo ego. Durante la danza mística, que puede durar
horas, el derviche mantiene el brazo derecho levantado para recibir
simbólicamente las bendiciones y energía de lo alto,
mientras que el izquierdo está inclinado hacia abajo con
el fin de derramar las bendiciones recibidas sobre la tierra. Los
derviches forman un círculo y cada uno de ellos se mueve
en armonía al ritmo de la música, aumentando lentamente
la velocidad e intensidad de los movimientos hasta que todo termina
en una cumbre de exaltación espiritual.
Durante su vida, Rumi escribió una enorme obra literaria.
Además de su obra cumbre, el Mathnawi, que está compuesto
por seis libros y casi 25.000 pareados, compuso 2.500 odas místicas
y 1.600 cuartetos. En el Mathnawi se expresa la voz de lamento del
alma humana, que desea abandonar su exilio terrenal, buscando la
reunificación con su Creador. Rumi enseñó que
el amor era el camino hacia el crecimiento espiritual y el perfeccionamiento
interior. En su obra, expresaba también una gran tolerancia
hacia las personas de cualquier creencia.
”Quienquiera que seas, ven
Aunque seas
un incrédulo, un pagano o un adorador del fuego, ven
La nuestra no es una hermandad de desesperación
Aunque hayas roto
tus promesas de arrepentimiento cien veces, ven”
Después de la muerte de Rumi, comenzaron a surgir pequeños
grupos de seguidores que se expandieron por el territorio turco.
Estos grupos construyeron semahanes (lugares donde se lleva a cabo
la Sema), que se convirtieron también en centros educativos
y de reunión de la comunidad.
Desde Turquía, la Orden Mevlevi se extendió a otras
partes del Imperio Otomano, incluyendo varios países mediterráneos,
de los Balcanes y de la Europa Oriental. En todos ellos se construyeron
edificios para albergar las actividades de la Orden. Muchos de ellos
se han conservado hasta hoy en día. 
La Orden Mevlevi vivió su apogeo durante el Imperio Otomano.
Muchos sultanes otomanos eran miembros de ella y esto explica el
considerable poder que los Mevlevis llegaron a ostentar en aquel
tiempo. Sin embargo, tras el golpe de estado de Mustafa Kemal y
el inicio del régimen kemalista, los musulmanes turcos pasaron
a sufrir una difícil prueba que ha llegado hasta hoy. El
estado laicista prohibió en 1925 las tariqas sufíes
y confiscó sus propiedades. Hubo que esperar hasta 1953 para
que el Estado turco autorizara de nuevo la realización de
la danza derviche. Sin embargo, el Estado trató de mantener
la Sema bajo su control y buscó también su secularización.
Para ello contrató a personas que no pertenecían a
la Orden para que realizaran estas danzas, con fines esencialmente
turísticos. Así pues, ya no se trataba entonces de
una Sema que mereciera tal nombre, sino de un simple espectáculo.
La prohibición llevó a los Mevlevi a realizar este
tipo de prácticas de una forma secreta en sus casas o en
otros lugares. Esto ha continuado ocurriendo así hasta los
años noventa, con excepción de la celebración
religiosa que tiene lugar cada 17 de diciembre en el Mausoleo donde
reposan los restos de Rumi, situado en la provincia de Konia, y
a la que acuden decenas de miles de Mevlevis. No obstante, con los
cambios políticos y sociales habidos en Turquía en
los últimos años y su posible adhesión a la
Unión Europea, es probable que todas las restricciones que
todavía pesan sobre las actividades espirituales de los sufíes
turcos sean levantadas y sus tariqas puedan vivir de nuevo un notable
florecimiento espiritual, similar al de pasadas épocas.
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