.REDACCIÓN
n los últimos tiempos, China ha comenzado a aumentar su presencia
económica en Oriente Medio. Las tiendas de los países
de la zona han comenzado a llenarse de productos chinos: electrodomésticos,
ordenadores, juguetes para niños, artículos para el
hogar etc. China parece estar así aplacando la sed de consumo
de los habitantes de la región.
Los estados de Oriente Medio ven a China como una superpotencia
que puede ofrecerles unas relaciones de tipo económico y
político que les permitirá obtener su independencia
en estos campos frente a EEUU y otros países occidentales.
Por su parte, China ve en los países árabes y musulmanes
un mercado alternativo para sus productos, que le permitirá
también diversificar sus exportaciones disminuyendo así
la proporción de ellas que van dirigidas a EEUU, su principal
rival político y militar. China desea también ampliar
su presencia política en los países de Oriente Medio,
aprovechando para ello sus buenas relaciones con el mundo árabe
e islámico.
Uno de los países con los que China ha estrechado más
sus vínculos económicos en los últimos años
es Irán. Recientemente, un periódico iraní
señalaba que “existe una nueva oportunidad para los
países independientes del mundo y también para los
países de Oriente Medio. Si ellos quieren impulsar su comercio
y expander sus economías, pueden escoger (como socio comercial)
a un país asiático y, en primer lugar, a China”.
Irán se ha convertido en la actualidad en el primer suministrador
de petróleo a China, cuyo PIB ha alcanzado los 6,4 billones
de dólares en 2003, con un crecimiento anual del 9%. Irán,
por su parte, está también desarrollando su economía
de forma acelerada. El PIB iraní ascendió el pasado
año a 510.000 millones de dólares, con un crecimiento
del 7,6%.
A diferencia de la mayoría de los países de Oriente
Medio, Irán disfruta de un superávit comercial con
China. Irán exporta a China productos por valor de 3.500
millones de dólares. De ellos, las exportaciones de petróleo
suponen 2.250 millones de dólares y las no petrolíferas
(productos petroquímicos, metales y alimentos) ascienden
a 1.250 millones.
Ambos países firmaron este año un contrato para exportar
gas licuado iraní a China. Por otro lado, empresas chinas
se han asegurado contratos en Irán en campos como el de la
exploración petrolífera y la construcción de
autopistas y del metro de Teherán. Irán desea también
la colaboración de China en el desarrollo de su industria
turística y de telecomunicaciones, así como otros
proyectos de infraestructuras, tales como los 4.000 kilómetros
de trayecto iraní de una gran autopista que enlazará
Asia con Europa. En total, Irán espera que los intercambios
comerciales con China, que ascendieron el pasado año a 6.000
millones de dólares, crezcan hasta alcanzar los 10.000 millones
en 2009.
China ha aumentado también su presencia en los últimos
tiempos en Dubai, que se ha convertido en uno de los principales
centros financieros del Golfo. La compañía china Chinamex
Middle East Investment and Trade Promotion Center ha abierto una
extensa delegación en dicha ciudad, con el fin de utilizarla
como plataforma para sus actividades en toda la zona de Oriente
Medio. El centro de la compañía incluirá un
edificio de oficinas, otro de negocios, 20 áreas comerciales
y 13 de servicios. La empresa china tiene, de hecho, planes para
crear un polígono industrial en Qatar y desarrollar otro
proyecto en Yemen.
Los países del Golfo pueden estar también interesados
en importar mano de obra china para hacer frente a la escasez de
mano de obra que sufren, al haber disminuido la llegada de trabajadores
procedentes de países que tradicionalmente habían
enviado remesas de inmigrantes a la zona, como es el caso de la
India. La mano de obra china sería altamente beneficiosa
en áreas como la industria petrolífera y en diversos
servicios de carácter técnico.
Otro de los países de Oriente Medio más interesados
en desarrollar los vínculos económicos con China es
Siria. El pasado 23 de junio, el presidente sirio, Bashar al Asad,
visitó Pekín junto con 79 empresarios y jefes de empresas
sirias con el fin de potenciar los vínculos políticos
y económicos entre ambos países. Ésta fue la
primera visita de un jefe de estado sirio a China desde el establecimiento
de relaciones diplomáticas entre ambos países en 1956.
La coincidencia de este viaje con la imposición de sanciones
contra Siria por parte de EEUU es una muestra de que Damasco está
buscando alternativas que le permitan desarrollar su economía
dejando de lado, si es necesario, a EEUU. A esto hay que sumar que
la economía siria, basada principalmente en el dólar,
ha sufrido debido a la caída de la divisa norteamericana
en los mercados internacionales, por lo que Siria parece decidida
ahora a apostar por el euro y las relaciones económicas con
la Unión Europea, por un lado, y con China, por el otro.
China ofrece también un alto grado de confianza para Siria,
pues no permite a EEUU inmiscuirse en sus relaciones políticas
y comerciales y no se pliega tampoco ante las presiones estadounidenses.
En un entrevista publicada por la agencia oficial siria SANA el
20 de junio, el ministro de Exteriores de China, Li Zhaoxing, manifestó
que “China rechaza la imposición de sanciones para
resolver los problemas que existen entre los países”.
La prensa siria ha manifestado también la preferencia siria
por el estilo de reformas chino, basado en la liberalización
de la economía, pero manteniendo el sistema de partido único.
“La visión china de la economía, basada en la
planificación y en reformas cuidadosamente estudiadas, se
ajusta a la visión siria de una liberalización madura
y estudiada que ahorre al pueblo traumas sociales”, señaló
recientemente un editorial del periódico sirio Al Zaura.
Este interés bilateral se ha reflejado en un importante incremento
de los intercambios comerciales entre ambos países, que han
pasado de 200 millones de dólares en 2001 a los 320 en 2003.
China exporta principalmente material electrónico y automóviles
a Siria e importa alimentos de este país.
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