.REDACCIÓN
l pasado 18 de julio, el presidente boliviano, Carlos Mesa, logró
un importante triunfo en el referéndum destinado a aprobar
sus propuestas de permitir la exportación de gas natural
boliviano al extranjero e incrementar el control estatal sobre este
producto. La televisión boliviana informó de que las
primeras estimaciones de resultados mostraban un apoyo del 75%,
como media, de los electores a las propuestas planteadas en la consulta.
Durante la campaña del referéndum, Mesa afirmó
que una victoria del “No” llevaría el país
al caos y alejaría las inversiones extranjeras. Mesa, de
profesión historiador, es hoy un personaje popular en Bolivia,
pero carece de una sólida experiencia política y de
una mayoría que le respalde en el Congreso. El presidente
trató de convertir el referéndum en una consulta sobre
su propia persona, manifestando que dimitiría si no se conseguía
una victoria del “Sí”.
Bolivia, el país más pobre de América del Sur,
posee grandes reservas de gas natural (150 billones de metros cúbicos),
las segundas de América Latina tras Venezuela. Se estima
que estas reservas de gas tienen un valor de entre 70.000 y 210.000
millones de dólares. Bolivia necesita estas reservas no sólo
para pagar su deuda externa, cifrada en unos 5.000 millones de dólares,
sino también para aliviar la situación del 80% de
su población, que vive en un estado de pobreza.
Según la prensa boliviana, la única razón del
referéndum sobre el gas ha sido el apaciguar a la mayoría
indígena del país, que ha protagonizado numerosas
movilizaciones para pedir la nacionalización de este recurso
en los últimos meses. Todo esto sugiere, además, que
Mesa parece haber logrado llevar un poco de estabilidad política
al país tras la revuelta que acabó con su antecesor,
Gonzalo Sánchez de Losada, el pasado mes de octubre. Uno
de los factores que produjo aquella revuelta fue la firma de un
contrato por valor de 5.000 millones de dólares para exportar
gas boliviano a EEUU y México vía Chile y la promulgación
de una ley que ponía el control del gas en manos de las multinacionales
afincadas en Bolivia. La firma de este contrato desencadenó
una ola de protestas que acabaron con el derrocamiento de Losada
y costaron la vida a 59 personas. El vicepresidente, Carlos Mesa,
tomó el poder tras la huida de Losada a EEUU y trató
de gestionar la economía de una manera diferente y conseguir
una paz social que durara al menos hasta las próximas elecciones
generales, que tendrán lugar en 2007.
La titularidad de las reservas ha sido objeto de una agria polémica
entre la mayoría indígena, que desea una total nacionalización
de esta industria, y la élite europea, más receptiva
a la idea de permitir las inversiones de compañías
multinacionales e incluso la privatización de este sector.
De hecho, unas 20 compañías extranjeras, que han invertido
hasta el momento 3.500 millones de dólares en la exploración
de nuevos yacimientos, poseen en la actualidad la titularidad de
una parte importante de los recursos de gas bolivianos.
La propuesta de Mesa era, en realidad, un intento de buscar una
fórmula intermedia entre las ideas opuestas de la privatización
y la nacionalización. Por un lado, se creará una compañía
estatal de gas, tal como desea la mayoría de la población,
pero al mismo tiempo esta compañía habrá de
trabajar con las multinacionales extranjeras, propuesta que busca
garantizar la presencia de éstas últimas y de sus
inversiones en el país. Se trataría, pues, no de convertir
el gas en un monopolio estatal, sino de establecer una alianza entre
la compañía estatal y las multinacionales, en la que
la primera tendría un papel residual. En cuanto a la fórmula
jurídica, el gas sería de titularidad estatal hasta
su extracción, pero luego sería vendido a estas compañías
por un precio acordado.
La propuesta de creación de una compañía estatal
para gestionar el petróleo boliviano tiene lugar en un contexto
regional en el que varios países de América del Sur
están fundando también empresas estatales destinadas
a controlar los recursos petrolíferos nacionales. En Venezuela,
Hugo Chávez ha logrado poner a sus hombres al frente de la
compañía Petróleos de Venezuela (PDVSA) y en
Argentina el presidente Néstor Kirchner ha anunciado también
la creación de una compañía estatal de petróleo.
Sin embargo, esta propuesta no satisface a las organizaciones sindicales
y de izquierda, que pidieron a sus seguidores que boicotearan la
consulta. Felipe Quispe, líder indígena aimara y presidente
de la confederación campesina, y el jefe de la Central Obrera
Boliviana, Jaime Solares, afirmaron que, pese a la creación
de la compañía estatal, el gas boliviano continuará
estando en manos de las multinacionales extranjeras, tal y como
sucedía hasta ahora, y pidieron directamente la nacionalización
de este recurso.
Por el contrario, Evo Morales, líder del Movimiento hacia
el Socialismo (MAS), el principal partido de oposición de
izquierda del país, ha apoyado discretamente las propuestas
del gobierno en el tema del gas. Esto se explica por el deseo de
Morales de presentarse como un líder moderado de cara a las
próximas elecciones municipales, que tendrán lugar
dentro de pocos meses. 
En el otro extremo del espectro ideológico se encuentra el
presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad de Santa
Cruz, Zvonko Matkovitz, que rechazó incluso la celebración
del referéndum señalando que “no es posible
echarse atrás ahora con respecto a lo que hemos acordado
con las multinacionales extranjeras”. La región de
Santa Cruz es la más rica de Bolivia y en ella han tenido
lugar recientemente diversas movilizaciones en favor de una autonomía,
lo que ha hecho surgir temores acerca de una posible fractura social
y geográfica en el país.
El probable que ahora, tras el referéndum, sea aprobada una
nueva ley sobre el gas natural. Esta ley incrementará hasta
el 50% el tipo impositivo que pagan las compañías
extranjeras –entre ellas la española Repsol-YPF, la
Petrobras de Brasil y la británica British Petroleum-. Esto
reducirá, sin duda, el atractivo del mercado boliviano para
estas compañías. En todo caso, parece difícil
que las multinacionales presentes en el país vayan a aceptar
una revisión de los contratos ya existentes. El propio Mesa
ha intentado tranquilizar a estas empresas indicando que las 78
concesiones aprobadas por su antecesor en 1997 serán respetadas
en sus actuales términos.
Disputa territorial con Chile
Otra de las preguntas del referéndum hacía referencia
a la posibilidad de utilizar el gas natural como arma de presión
para lograr una salida al mar para Bolivia a través de Chile.
Bolivia perdió esta salida al mar durante la Guerra del Pacífico
con Chile en los años 1879-1883. Cuando Sánchez de
Losada anunció el pasado año que había logrado
un acuerdo con las compañías extranjeras para exportar
el gas a través de un puerto en el norte de Chile, la oposición
boliviana lanzó una fuerte campaña en contra del acuerdo
no sólo porque, según ella, beneficiaba a las multinacionales
y no al pueblo boliviano, sino también por un orgullo nacionalista
que les impedía llegar a un acuerdo con Chile sin haber conseguido
previamente un acuerdo territorial.
Bolivia ha estado pidiendo, de hecho, en las últimas décadas
a Chile que le ceda un pequeño corredor al Océano
Pacífico. El tema no resulta en absoluto anecdótico,
ya que ambos países cortaron sus relaciones diplomáticas
en 1978 debido a este asunto. Uno de los lemas del Ejército
boliviano es “La mar nos pertenece y recuperarla es nuestro
deber”. Bolivia ha impuesto incluso una cláusula en
un contrato de exportación de gas a Argentina, según
la cual los excedentes de gas que este último país
no consuma no podrán ser vendidos a su vez a una tercera
parte, es decir, a Chile. El ministro de Desarrollo Económico
boliviano ha precisado que “si una sola molécula de
gas boliviano es vendida por Argentina a Chile, Bolivia cortará
sus suministros a Argentina”. “Si Chile quiere el gas
de Bolivia, primero tendrá que hablar de soberanía”,
precisó, por su parte, Mesa.
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