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o es exagerado afirmar que el pasado día 9 de julio, el Tribunal
Internacional de Justicia de Naciones Unidas (TIJ) emitió
una fallo histórico. El veredicto del TIJ, que considera
ilegal la construcción del Muro del Apartheid que Israel
está levantando en Cisjordania, va a tener notables consecuencias
para el conflicto de Oriente Medio, incluso aunque dicha resolución
no sea vinculante.
En su fallo, el Tribunal exige a Israel que detenga la construcción
del Muro, derribe las secciones de éste que han sido ya erigidas,
compense a los miles de palestinos que se van visto perjudicados
por esta construcción y devuelva las tierras de las que los
israelíes se han apropiado ilegalmente.
La cuestión ahora es: ¿Se convertirá el fallo
del TIJ en otra muestra de la impotencia de la ONU para imponer
sus decisiones frente a la acción de algunas grandes potencias
que se ponen al lado de los agresores (como es el caso aquí
de EEUU) o será posible esta vez asegurar que la ley internacional
y la voluntad de la gran mayoría de las naciones del mundo
sea respetada? El fallo del Tribunal no deja lugar a ningún
resquicio para la manipulación: “La construcción
del Muro es contraria al Derecho Internacional”, señala
el fallo.
La decisión del Tribunal resulta, pues, inequívoca,
debido a la claridad y meticulosidad de las expresiones que han
sido utilizadas. El fallo va incluso más allá de lo
que algunos optimistas habían esperado: “Todos los
estados tienen la obligación de no reconocer la situación
ilegal que resulta de la construcción del Muro”. También
señala que Israel “está obligado a respetar
el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y
aceptar también sus responsabilidades, derivadas de la ley
humanitaria internacional y de la normativa internacional sobre
derechos humanos”.
Otro aspecto importante del veredicto es que vuelve a poner el énfasis
de nuevo en que el Derecho Internacional continúa siendo
el único marco legítimo y viable para resolver los
conflictos internacionales, y muy especialmente el palestino-israelí.
Esto convierte en nulo cualquier acuerdo que Israel o EEUU traten
de imponer a la parte palestina, por medio de presiones o amenazas.
Existe en la actualidad una extensa normativa, particularmente las
resoluciones 242 y 338 de Naciones Unidas, que exige a Israel la
inmediata e incondicional retirada de sus fuerzas de los Territorios
Ocupados. Sin embargo, este marco legal ha venido siendo ignorado
en la mayoría de planes de paz impulsados hasta la fecha,
que contemplan numerosos privilegios para Israel, incluyendo el
de no cumplir tales resoluciones en sus propios términos.
Cabe decir que si se respetara el contenido de estas resoluciones
de la ONU el conflicto quedaría automáticamente resuelto,
puesto que la continuación de la ocupación israelí
es el único factor real que lo perpetúa.
Otro aspecto importante del fallo del TIJ es que recuerda a todos
los miembros de la comunidad internacional y, en especial a los
firmantes de la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, que
poseen obligaciones derivadas de los tratados internacionales, y
que, por tanto, pueden ser considerados responsables de todas las
violaciones de los mismos que lleven a cabo. Esto supone que Israel
y sus dirigentes son responsables ante la ley internacional por
sus agresiones contra los derechos de la población palestina,
que vienen recogidos en esta normativa. También lo son aquellos
otros líderes internacionales que ofrezcan apoyo a Israel,
ya sea directo o indirecto, para la comisión de tales crímenes,
como sería el caso, en la actualidad, de los dirigentes norteamericanos.
En realidad, el TIJ ha hecho ya el trabajo que tenía que
hacer. Corresponde ahora a los organismos de las Naciones Unidas
-en particular, a la Asamblea General y el Consejo de Seguridad-
y a los diferentes países que pertenecen a la organización
buscar fórmulas para que el fallo pueda ser aplicado. De
momento, Israel ha mantenido la misma postura arrogante y desafiante
de la que ha hecho ostentación en las pasadas décadas.
Tras conocer el fallo, el primer ministro, Ariel Sharon, manifestó
que Israel va a acelerar la construcción del Muro. Esta actitud
viene a reconocer el estatus de Israel como estado paria a nivel
internacional. La única solución pasa, pues, por la
imposición de sanciones y el boicot a este estado que se
ha convertido en la vergüenza del género humano y en
la representación de la crueldad a que pueden llevar ideologías
de tipo nacionalista y mesiánico como es el caso del sionismo.
No es admisible en absoluto que en esta ocasión los dirigentes
israelíes se vuelvan a salir con la suya. La existencia de
un lobby sionista en EEUU y su secuestro de la política exterior
de esta gran potencia no puede llevar a una situación de
permanente violación de la ley internacional y de desprecio
a organismos como la ONU, porque si esto fuera así, ello
supondría el fin del sistema legal internacional construido
tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, son cada
vez más los sectores de la sociedad y los estados que demandan
el inmediato cumplimiento de la ley internacional, el fin de la
ocupación israelí, el desmantelamiento del Muro y
la creación de un estado palestino independiente con su capital
en Jerusalén. El mundo ha empezado a comprender que no puede
haber paz ni estabilidad a nivel internacional mientras el pueblo
palestino continúe padeciendo una dura ocupación,
que dura ya casi cuatro décadas, y la continua apropiación
de sus tierras por parte de un grupo de fanáticos mesiánicos
que constituyen hoy por hoy la principal amenaza a que ha de hacer
frente la comunidad internacional.
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