.REDACCIÓN
a visita llevada a cabo por la ministra de Defensa de Francia, Michele
Alliot-Marie, a Argel el pasado 17 de julio ha servido no sólo
para mejorar las relaciones franco-argelinas en el terreno de la
defensa, sino también para plantear por vez primera la firma
de un pacto de cooperación en esa misma esfera entre cuatro
países miembros de la Unión Europea –Francia,
España, Portugal e Italia- y otros tres pertenecientes al
Magreb árabe –Marruecos, Argelia y Túnez-. La
visita supone también una muestra del deseo de Francia de
fortalecer sus relaciones con el Magreb en un momento en el que
EEUU está aumentando su presencia en la región.
Durante su visita a Argel, Alliot-Marie anunció la firma
de un convenio de cooperación en el terreno militar entre
Francia y Argelia, que incluirá la venta de armas francesas
–entre ellas, aviones- a Argel, la realización de ejercicios
militares conjuntos, la colaboración francesa en el campo
del entrenamiento y formación de las fuerzas armadas argelinas
y otros aspectos. La ministra francesa reafirmó también
la voluntad de su país de cooperar con Argelia en la lucha
contra el terrorismo e indicó además que “los
intercambios de información funcionan muy bien”. Alliot-Marie
manifestó asimismo que Francia espera firmar en el año
2005 un tratado que recoja todos los aspectos de la cooperación
entre ambos países. Posteriormente a sus conversaciones,
la ministra recorrió las calles de Argel acompañada
de miembros de su delegación y de varios altos oficiales
argelinos.
Alliot-Marie es la primera ministra de Defensa francesa que visita
Argel desde la independencia de Argelia de Francia en 1962. Esto
no quiere decir, sin embargo, que ambos países no tengan
un largo y dilatado historial de cooperación en el terreno
militar y político. Jacques Chirac fue el primer jefe de
Estado extranjero en visitar Argelia, en marzo de 2003, tras la
elección del presidente Abdul Aziz Buteflika, que había
sido calificada de “fraudulenta” por la oposición.
Más recientemente, otros ministros franceses como el de Exteriores,
Michel Barnier, o el de Economía, Nicolas Sarkozy, han visitado
también Argel.
Alliot-Marie mostró, durante el transcurso de una rueda de
prensa con su homólogo argelino, Abdul Aziz Beljadem, el
deseo de Francia de alentar un diálogo “fundamental”
entre Argelia y Marruecos en el tema del contencioso del Sahara
Occidental. El tema del Sahara ha sido un problema importante en
las relaciones entre París y Argel en los últimos
años debido a la postura abiertamente promarroquí
de Francia, que se ha convertido en el principal valedor de las
tesis de Marruecos en la Unión Europea y la ONU. El bloqueo
del plan de paz de la ONU y las nulas perspectivas de que pueda
producirse un arreglo del conflicto mediante negociaciones directas
entre Marruecos y el Frente Polisario hacen que la única
esperanza de avances en este tema proceda de unas negociaciones
directas entre Rabat y Argel, que ha sido en las últimas
décadas el principal apoyo político y militar de los
independentistas saharauis. Sin embargo, es dudoso de que Argel
vaya a hacer ninguna concesión. El propio Beljadem señaló
en una reciente rueda de prensa que “Argelia está dispuesta
a buscar una solución política, siempre que ella respete
el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación”,
postura ésta que coincide plenamente con la del Polisario.
Rivalidad entre París y Washington
En los últimos meses, Francia ha intentado aprovechar la
popularidad que su postura contraria a la guerra de Iraq le ha granjeado
en el mundo árabe para hacer avanzar sus intereses. Francia
ha visto con preocupación cómo EEUU está entrando
en la actualidad en el Magreb, que es visto por Francia como una
zona de influencia natural. Washington ha otorgado recientemente
a Marruecos el estatus de “aliado no miembro de la OTAN”
y ha expresado su deseo de firmar un tratado de libre comercio con
el Reino alauí. No cabe duda de que este estrechamiento de
lazos con EEUU hará a Marruecos menos dependiente de la influencia
francesa, pese a la existencia de fuertes relaciones entre París
y Rabat.
Washington ha establecido también importantes vínculos
políticos, económicos y militares con Argelia. Las
compañías norteamericanas están interesadas
concretamente en participar en la explotación del gas y petróleo
argelino y el Pentágono considera al Ejército argelino
como el único con capacidad para impedir “la extensión
del terrorismo” a los países del Sahel fronterizos
con Argelia.
En marzo de 2004, Chirac recibió un mensaje de la Embajada
francesa en Argel que le desagradó notablemente. El nuevo
embajador ruso en Argelia, Vladimir Titorenko, acababa de revelar
a su homólogo francés “la presencia de al menos
una veintena de expertos militares estadounidenses, mandados por
un general de dos estrellas, en un lugar situado a unos 350 kilómetros
de Argel”. La misión de estos soldados sería
la de “facilitar las eventuales misiones de grandes aviones
de transporte estadounidenses en África o en Oriente Medio”.
La existencia de esta instalación secreta ha debido provocar,
sin duda, una rápida reflexión en Francia acerca de
la necesidad de incrementar la cooperación con Argel. El
15 de abril, dos semanas después de haber recibido el mensaje,
Chirac manifestó a Buteflika que Francia deseaba colaborar
más estrechamente con Argelia en el terreno de la defensa.
Los generales argelinos, por su parte, están interesados
en un intercambio de información clasificada con Francia,
incluyendo datos sobre la oposición argelina que reside en
este país.
En el terreno económico París tiene también
que hacer frente a la competencia norteamericana. Recientemente,
EEUU ha anunciado la concesión de una ayuda de 800 millones
de dólares para la ampliación de las instalaciones
del puerto de Argel. En total, EEUU ha invertido unos 6.000 millones
de dólares en Argelia en contraste con los 1.000 millones
de Francia.
Críticas de la oposición
El gobierno francés ha tenido, sin embargo, que hacer frente
a numerosas críticas de parte de la oposición y de
las organizaciones de derechos humanos de Argelia, que han señalado
que la política francesa está sirviendo, de hecho,
para apuntalar a un régimen dictatorial, con una fachada
democrática. Así por ejemplo, el Frente de Fuerzas
Socialistas (FFS) denunció el pasado 13 de julio la “indulgencia”
de Francia y su defensa del “estatus quo” en Argelia.
Por su parte, el presidente de la Liga Argelina de los Derechos
del Hombre, el abogado Ali Yahia Abden Nur, criticó a Jacques
Chirac en una carta abierta. “Vd. no desea escuchar lo que
dicen los defensores de los derechos humanos”, manifestó
Yahia.
El régimen argelino se niega a garantizar unas elecciones
verdaderamente libres o a aclarar la situación de los miles
de argelinos desaparecidos durante la guerra sucia de los años
noventa. París ha ignorado hasta la fecha todas las revelaciones
de los militares disidentes acerca de los crímenes cometidos
por la dictadura argelina. Un diplomático francés
declaró recientemente al diario Le Monde que este silencio
se explica por el temor de Francia a que el conflicto argelino se
expanda a su suelo. “Los servicios especiales de Argel son
expertos en la manipulación de los grupos islamistas”,
señaló el diplomático. Algunas personalidades
argelinas exiliadas han denunciado, en este sentido, que los atentados
con bomba cometidos en el metro de París en 1995 fueron obra
de agentes argelinos que querían degradar la imagen en Francia
de los grupos islamistas de oposición al régimen.
Según medios de la oposición argelina, los generales
de Argelia no han dudado, con el fin de conservar su poder y sus
fortunas ganadas por medio de la corrupción, en desencadenar
contra su pueblo una represión salvaje a una escala sin precedentes
en la historia de las guerras civiles de la segunda mitad del siglo
XX. En esta campaña han sido utilizadas las técnicas
de “guerra secreta” elaboradas por ciertos oficiales
franceses durante el transcurso de la guerra de independencia argelina
(1954-1962) –escuadrones de la muerte, tortura sistemática,
desaparición de personas, utilización de grupos manipulados
para cometer atentados en nombre de la oposición, desinformación,
acción psicológica etc-.
Otra de las causas por las que París ha venido ignorando
las alegaciones de la oposición reside en su convencimiento
de que los grupos y partidos opositores no constituyen una alternativa
creíble al régimen actual. En febrero pasado, Ali
Benflish, líder del FLN y principal rival de Buteflika en
las pasadas elecciones presidenciales, visitó París,
pero no fue recibido allí por ningún dirigente francés.
Naturalmente, el apoyo sin reservas de París al régimen
de Argel conlleva riesgos para los franceses en el supuesto de que
el actual sistema argelino se venga abajo en un futuro. Muchos argelinos
culpan, en este sentido, a Francia de ser la causante de sus problemas
y opresión por su apoyo a un régimen que se encuentra
completamente desprestigiado a los ojos de la población. |