.YUSUF FERNÁNDEZ
“s en Oriente”, señaló el escritor alemán
Frederic von Schlegel, “donde debemos buscar el supremo romanticismo”.
Esta frase muestra a las claras la influencia que el Oriente musulmán
ejerció sobre los escritores alemanes de principios del siglo
XIX.
Entre estos escritores destaca por méritos propios la figura
de Johann Wolfgang von Goethe, que está considerado como
el mejor escritor en lengua alemana de todos los tiempos. El nombre
de Goethe ha sido dado al Instituto estatal de Alemania que está
encargado de difundir el idioma alemán en todo el mundo,
así como a incontables instituciones.
Cuando era joven, Goethe quiso realizar estudios orientales, pero
su padre le obligó finalmente a estudiar leyes. Goethe siempre
admiró a los primeros viajeros a Arabia (Michaelis, Niebuhr)
y estaba fascinado por la lectura de lo que ellos publicaron acerca
de sus viajes.
Goethe siempre consideró que no había sido una mera
casualidad, sino un hecho providencial lleno de significado, el
que en el otoño de 1813 un soldado alemán de las tropas
napoleónicas que regresaba de España le trajera un
viejo manuscrito en árabe de la época de Al Andalus.
Este manuscrito contenía la última Sura (Capítulo)
del Corán, la 114, “An Nas” (Los Hombres). Goethe
intentó más tarde copiarla con la ayuda de algunos
profesores de Jena, que le habían ayudado a traducir el contenido
del manuscrito.
En 1814, Goethe visita a un grupo de musulmanes rusos de etnia bashkir
del Ejército del zar Alejandro I, que estaban utilizando
el instituto protestante de Weimar como una mezquita improvisada
para realizar allí sus oraciones. En su carta a Trebra (5-1-1814),
Goethe escribe: “Hablando de profecías, tengo que decirte
que hay cosas que están ocurriendo en estos días que
ni a un profeta le hubieran permitido decir. ¿Quién
habría podido afirmar hace unos años que habría
habido un servicio religioso musulmán y que algunas Suras
del Corán iban a ser recitadas en el auditorio de nuestro
instituto protestante?. Sin embargo, esto ha ocurrido y acudimos
a la oración de los bashkires, vimos a su mullah y recibimos
a su príncipe en el teatro. Yo fui obsequiado, como favor
especial, con un arco y unas flechas que, en eterno recuerdo, colgaré
sobre mi chimenea tan pronto como Dios decrete un feliz retorno
para ellos”.
En realidad, la actitud positiva de Goethe hacia el Islam va mucho
más allá de la que hubiera tenido anteriormente cualquier
alemán. Él mismo escribe, en tercera persona, el 24-2-1816:
“El poeta (Goethe)... no desmiente las sospechas de que él
mismo sea un musulmán”. (WA I, 41, 86). Más
tarde, Goethe se muestra aún más abiertamente como
musulmán: “No puedo decirte más que esto: Trato
de permanecer en el Islam” (Carta a Zelter. 20-9-1820).
También escribe en una de sus obras cumbre, el “Divan”:
“Es estúpido que todo el mundo
esté alabando su opinión particular
Si el Islam significa sumisión a Dios,
todos vivimos y morimos como musulmanes”.
En los años 1814-1815, Goethe empieza a estudiar en Jena
el idioma y la literatura árabes con algunos profesores de
estudios orientales, como Paulus, Lorsbach y Kosegarten. Después
de ver sus manuscritos y haber conocido el Corán, Goethe
sintió el fuerte impulso de aprender árabe. Él
copiaba algunas dúas (súplicas a Dios) islámicas
y más tarde escribió: “En ningún otro
idioma el espíritu y la letra están plasmados de una
forma tan primordial”. (Carta a Schlosser, 23.1.1815). Goethe
estudió gramáticas de árabe, libros de viajes,
poesía, interpretaciones del Corán, antologías
y libros sobre la Sira (la vida del Profeta Muhammad). A Goethe
le gustaba en especial un traducción de la obra “Diwan”
del poeta persa Muhammad Shamsuddin Hafis, realizada por J. Hammer.
Todo esto le empuja a escribir su propio Divan, una obra poética
que está claramente inspirada y referida a diferentes versos
del Corán (Mommsen, pg. 269-270).
A la edad de 70 años, Goethe escribe (Notas y Ensayos al
Divan, WA I, 17, 153) que intenta “celebrar respetuosamente
esa noche –la Noche del Destino (Lailat ul Qadr)- en la que
se le reveló el Corán al Profeta desde lo Alto”.
También escribió: “Cualquiera podría
maravillarse por la gran eficiencia del Libro. Esto es por lo que
ha sido declarado como “increado” por sus reales admiradores
(los musulmanes)”. A esto, añade: “Este libro
continuará siendo altamente efectivo para toda la eternidad”.
(WA I, 7, 35/36).
Hoy se conservan en el Archivo de Goethe y Schiller, localizado
en Weimar (Alemania), los manuscritos de los primeros estudios coránicos
de Goethe de los años 1771-1772. Goethe leía la traducción
alemana del Corán realizada por J. Hammer y la traducción
inglesa de G. Sale delante de los miembros de la familia Duke de
Weimar y sus invitados. El gran autor alemán Schiller y su
esposa escribieron acerca de estas públicas lecturas de Goethe
(Carta de Schiller a Knebel, 22.2.1815). Goethe pensaba que las
traducciones del Corán de que disponía eran insuficientes
y siempre estaba pidiendo más. En el Divan, Goethe escribe:
”¿Es el Corán eterno?
No lo dudo.
Éste el es libro de los libros
Lo creo más allá del deber de los musulmanes (de creerlo
así)”
(WA I, 6, 203)
En este mismo sentido, Goethe habla de la diferencia entre un profeta
y un poeta. “(Muhammad) es un profeta y no un poeta y, por
lo tanto, su Corán tiene que ser visto como una ley divina
y no como un libro humano escrito para la educación o el
entretenimiento”. (Noten und Abhandlungen zum Westöstlichen
Divan, WA I, 7, 32).
Además de la fascinación que le produce el lenguaje
del Corán, así como su belleza y sublimidad, Goethe
se siente atraído también por su significado religioso:
la Unidad de Dios y la convicción de que Él se manifiesta
en Su creación. En los primeros manuscritos de Goethe podemos
ver que reprodujo diferentes versos del Corán que hablan
de cómo el hombre debería contemplar la naturaleza
y todos sus fenómenos como signos de la acción divina.
La multiplicidad y complejidad de los fenómenos naturales
indican también la existencia de Un Dios único. Goethe
habla de “la grandeza de Dios en lo pequeño”
(Gottes Grösse im Kleinen).
Goethe estaba también impresionado por la revelación
coránica de que Dios habló a la humanidad a través
de una serie de profetas. En 1819 Goethe dice -comentando el verso
4 de la Sura de Abraham (14): “No mandamos a ningún
enviado que no hablara en la lengua de su pueblo, para que les explicara
con claridad”-: “Es cierto lo que Dios dice en el Corán”.
(Carta a A. Blumenthal 28.5.1819). En su Carta a Carlyle (20.7.1827),
Goethe hace también referencia a este verso coránico:
“El Corán dice: “No mandamos a ningún
enviado que no hablara en la lengua de su pueblo”. Esta idea
vuelve a aparecer en un ensayo escrito en 1827.
En varios versos del Divan, Goethe se refiere también a la
virtud islámica de dar ayudas a los necesitados y habla del
“placer de dar”. (Die Wonne des Gebens).
Uno de los factores que llevaron a Goethe a interesarse por el Islam
fue su rechazo hacia algunos de los dogmas de las iglesias cristianas,
y muy en especial de la católica. “Hay muchas tonterías
en la doctrina de la Iglesia” (Conversaciones con Eckermann,
11.3.1832).
En el Divan, Goethe refuta asimismo el dogma cristiano de la divinidad
de Jesús y afirma la Unidad de Dios:
“ Jesús se sintió puro y reflexionó
únicamente sobre el Dios Único.
Quién le hizo ser un dios
ofende su sagrada voluntad.
Y, de este modo, la verdad tiene que resplandecer,
tal y como Muhammad también logró hacer.
Por medio sólo del nombre del Uno
él gobernó todo el mundo”.
Goethe manifiesta asimismo en el Divan el valor que tiene el vivir
el momento presente frente a la actitud resignada del Cristianismo
que relega el disfrute de las cosas únicamente a la otra
vida.
Finalmente, en el poema de los Siete Durmientes, contenido en el
Divan, Goethe llama a Jesús profeta (en consonancia con las
enseñanzas islámicas): “Éfeso durante
muchos años / Honra las enseñanzas del Profeta Jesús”.
(WA I, 6, 269).
Goethe estaba también fascinado por algunos escritos sufíes
y, más especialmente, por la metáfora de Saadi Shirazi
sobre el “vuelo en el amor”, es decir, sobre el vuelo
hacia la luz tras la muerte. Goethe incluye así un poema
en el Divan, “El anhelo del gozo”, en el que refleja
esta metáfora de Saadi. Asimismo, en el capítulo dedicado
al sabio sufí, Yalal ul-Din Mevlavi Rumi, reconoce la importancia
del recuerdo de Al-lah (Dios) en el Islam: “El rosario de
cuentas musulmán, por medio del cual Al-lah es glorificado
por sus 99 Atributos, es una letanía de alabanzas. La afirmación
de estos Atributos aproxima al Ser (Wesen) inabarcable. El adorador
se encuentra entonces atónito, sometido y calmado”.
(WA I, 7, 59).
|