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Malasia e Indonesia rechazan la injerencia norteamericana en el Estrecho de Malaca

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REDACCIÓN

D esde los atentados del 11-S, Malasia, Indonesia y otros estados de la región del Sudeste Asiático han sido presionados por Washington para adoptar medidas contra el “extremismo” en sus respectivos países. No obstante, la respuesta de estos gobiernos no ha sido la que EEUU esperaba.
Según señaló el pasado 9 de junio el diario Christian Science Monitor, los planes de EEUU para fortalecer su presencia militar en el estratégico Estrecho de Malaca -que une Malasia, Indonesia y Singapur, y por el que discurren al menos 50.000 barcos cada año, un tercio del comercio internacional y la mitad del petróleo del mundo (incluyendo el 80% del que consume Japón)- fueron dados a conocer a principios de junio pasado por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, durante su visita a Singapur, adonde acudió para asistir a la tercera Conferencia anual sobre Seguridad en Asia. En aquella ocasión, Rumsfeld señaló que EEUU podría intentar pronto “cazar terroristas” en la región del Sudeste Asiático.
En este mismo sentido, el jefe del Mando del Pacífico de EEUU, Almirante Walter Doran, manifestó también a principios de junio que EEUU quería compartir información que llevara a la inspección de buques que llevaran “cargamentos sospechosos”, según señala la agencia Associated Press. Sin embargo, esta promesa no incluía el empleo de tropas norteamericanas en el Estrecho de Malaca. Esto significaba, según AP, “la retirada de una previa sugerencia -realizada en abril por el jefe de las fuerzas navales norteamericanas en el Pacífico, almirante Thomas Fargo- de que EEUU podría emplear sus fuerzas de élite para patrullar esta ruta comercial”. Fargo había pedido poco antes al Congreso de EEUU que aprobara la llamada Iniciativa de Seguridad Marítima Regional destinada a garantizar la seguridad en el Estrecho de Malaca. Esta iniciativa contemplaba la realización de tareas de patrullaje conjunto entre EEUU y los países de la región y también la ya mencionada presencia de tropas de élite en la zona. El ministro de Defensa de Malasia, Nayib Razak, y el secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, durante una visita del primero a Washington
Estos planes norteamericanos han generado, sin embargo, un rechazo en los países del Sudeste Asiático. A principios de junio el ministro de Defensa de Malasia, Nayib Razak, señaló que el asegurar la seguridad en el Estrecho de Malaca era una responsabilidad de Malasia e Indonesia únicamente. El ministro añadió que una mayor presencia de EEUU en el Sudeste Asiático alimentaría el extremismo en la región. “No necesitamos la presencia de fuerzas extranjeras en el Sudeste Asiático para ayudarnos a afrontar la amenaza terrorista. No estamos de acuerdo con la entrada en escena de una tercera nación (además de Indonesia y Malasia)”.
Razak indicó además que las fuerzas armadas de Malasia están dispuestas a garantizar la seguridad de los Estrechos en cooperación con sus vecinos. Para apoyar esta afirmación señaló que el próximo año el país contará con un servicio de guardacostas similar al norteamericano. Más tarde, sin embargo, Razak suavizó su postura en lo que respecta a la cooperación con EEUU manifestando que Malasia estaba preparada para colaborar de diversas formas con Washington en el control del estrecho de Malaca (aunque sin el despliegue de tropas estadounidenses).
En realidad, Malasia ha estado colaborando en los últimos años con EEUU en algunos aspectos de la lucha antiterrorista. Así por ejemplo, ambos países han creado de forma conjunta un centro antiterrorista. Sin embargo, éste ha quedado reducido actualmente, tras la invasión de Iraq, a poco más que un centro de realización de seminarios. Asimismo, Malasia participa junto a EEUU en el CARAT, un ejercicio naval bilateral que tiene una periodicidad anual.
Por su parte, Indonesia, ha manifestado también su rechazo a una intervención norteamericana en la zona de los Estrechos. La posición indonesia sobre el posible despliegue de fuerzas estadounidenses fue expresada en un artículo publicado en abril en el diario Jakarta Post por Nugroho Wisnumurti, antiguo director de Asuntos Políticos en el Ministerio de Exteriores. En el artículo de Wisnumurti se señalaba que el despliegue de marines o de fuerzas de operaciones especiales de EEUU en las aguas territoriales de Indonesia podría dañar los intereses nacionales del país “incluyo aunque su propósito sea el de luchar contra el terrorismo”. Además, señaló que este despliegue contravendría “uno de los principales principios de la política exterior indonesia: el del no alineamiento”.
Como alternativa, Indonesia ha anunciado una propuesta de actuación conjunta entre los tres países ribereños con el fin de proteger el Estrecho. Esta propuesta indonesia ha sido bien acogida por Malasia y Singapur.
Otro estado de la región, Tailandia, se ha unido a Malasia e Indonesia en su rechazo a los planes estadounidenses. El periódico The Age de Melbourne (Australia) señaló recientemente que el viceprimer ministro tailandés, Chavalit Yongchaiyudh, ha rechazado también la posibilidad de que fuerzas estadounidenses intervengan en el sur de Tailandia, debido a los enfrentamientos intercomunitarios que se han producido recientemente en la zona.

Singapur respalda los planes estadounidenses

Tradicionalmente Singapur ha mantenido una postura más abierta que la de sus vecinos a la posibilidad de una presencia militar de EEUU en la zona del Sudeste Asiático. Un reciente editorial del Jakarta Post señalaba a este respecto que “la próspera ciudad-estado (de Singapur) no toma en cuenta a veces las sensibilidades de sus más grandes y pobres vecinos cuando se trata de fijar políticas que también podrían afectarles”.
El gobierno de Singapur ha mantenido a menudo fuertes disputas con Malasia e Indonesia debido a sus alegaciones acerca de la existencia de redes terroristas en ambos países. Estas afirmaciones de Singapur han servido al gobierno de EEUU como excusa para promover un mayor nivel de intervencionismo en la región. Singapur ha estado albergando también bases e instalaciones navales y de inteligencia norteamericanas durante más de una década. Asimismo, es el único estado de la zona que mantiene vínculos militares con Israel. Singapur ha manifestado además su disposición a colaborar con la India, Corea del Sur y otros países con el fin de reforzar la seguridad en el Estrecho.
Recientemente, Singapur ha comenzado también a extender la idea de que “terroristas islámicos” podrían tratar de interrumpir la circulación normal de buques por el Estrecho de Malaca. Esta idea ha sido incluida en un informe, subvencionado por el gobierno de Singapur, de una ONG occidental: el International Crisis Group. Como dato significativo, hay que decir que el director de esta última organización fue expulsado recientemente de Indonesia.El jefe de las fuerzas navales de EEUU en el Pacífico, almirante Thomas Fargo
Singapur espera que, a cambio de estos favores, Washington le preste su apoyo en las disputas que mantiene con sus dos grandes vecinos y que abarcan temas que van desde las reclamaciones territoriales hasta la inmigración pasando por el reparto de los recursos acuíferos. Hay que tener en cuenta, por otro lado, que la economía de Singapur sufre una escasez de materias primas y también la más alta tasa de paro registrada históricamente en el país, un 5%. Esto ha llevado al gobierno de Singapur a volverse aún con más fuerza hacia EEUU en busca de ayudas económicas. De momento, Singapur ha logrado ser uno de los pocos estados del mundo con los que Washington ha firmado un tratado de libre comercio.
Singapur, sin embargo, ha señalado que EEUU necesita tener un enfoque más equilibrado hacia el conflicto palestino-israelí. El ministro de Defensa y Seguridad, Tony San, ha señalado a este respecto que “EEUU necesita un enfoque más equilibrado hacia el conflicto palestino-israelí, ya que el mundo musulmán percibe que la postura norteamericana en este conflicto es totalmente parcial y llena de perjuicios en favor de Israel”. Dicha política contribuye a agravar “la ira y resentimiento (en el mundo musulmán) e inspira a los atacantes suicidas no sólo en Oriente Medio, sino en todo el mundo”, indicó Tan.
En realidad, los gobiernos del Sudeste Asiático temen que una intervención estadounidense en la zona produzca una fuerte reacción en contra de sus pueblos, que rechazan mayoritariamente la política de EEUU en Oriente Medio, en especial la guerra de Iraq, y también en la propia región. La prensa de Malasia ha sido también muy crítica con respecto al posible estacionamiento de tropas norteamericanas cerca del Estrecho de Malaca y ha denunciado los “planes hegemónicos de EEUU en el Sudeste Asiático”, bajo el pretexto de la “guerra contra el terrorismo”.
Por otro lado, los gobiernos de la zona consideran, basándose en el ejemplo de Iraq, que la presencia militar estadounidense puede generar más inestabilidad. “Existe una tendencia que indica que los norteamericanos generan más conflictos que resuelven, especialmente cuando su presencia es vista como la representación de una ideología que es diametralmente opuesta a la de la población local”, señaló recientemente un columnista del Jakarta Post. “En ese caso, EEUU se convierte en parte del problema y no de la solución”.
Algunos partidos malayos, como el Partido de la Justicia Popular, han pedido al gobierno que revise el Acuerdo de Cooperación sobre Defensa suscrito en 1984 por EEUU y Malasia. Aunque el contenido de dicho acuerdo ha sido mantenido en secreto, sí se sabe que prevé maniobras conjuntas por tierra, mar y aire y el acceso de buques de la Marina norteamericana a los puertos malayos.
Hay que tener en cuenta también que la presencia militar norteamericana en el Sudeste Asiático violaría uno de los compromisos adquiridos por los estados de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN): el de crear una Zona de Paz, Libertad y Neutralidad. Los países de la ASEAN vivieron también de cerca la experiencia del conflicto de Vietnam y son muy cautelosos con respecto a cualquier tipo de intervención norteamericana.
Otro factor más que influye en el rechazo de los pueblos y gobiernos del Sudeste Asiático es la certeza de que la presencia estadounidense en la zona del Estrecho de Malaca no está motivada en realidad por la “guerra contra el terrorismo”, sino por el deseo de Washington de garantizar el control de una zona marítima que es utilizada por la Marina china para proyectarse hacia el Océano Índico. EEUU recela también de la creciente influencia china en el Sudeste Asiático. China mantiene una importante presencia en Myanmar, donde está modernizando algunas bases navales, y en Pakistán, donde los chinos están colaborando en la construcción del puerto de Gaudar.
China está también trabajando en pro del establecimiento de una zona de libre comercio con los países de la ASEAN, que de materializarse constituiría la mayor zona de este tipo en el mundo. Esto llevaría a un notable incremento de la influencia china en la región. El permitir, así pues, una presencia norteamericana en su territorio o aguas territoriales supondría para los países del Sudeste Asiático un paso peligroso, por cuanto podría irritar a Pekín, en un momento además en el que la tensión entre China y Taiwán ha alcanzado cotas más altas.