.REDACCIÓN
l pasado 15 de julio, la primera ministra de Nueva Zelanda, Helen
Clark, impuso sanciones diplomáticas contra Israel poco después
de que un tribunal neozelandés condenara a dos agentes de
inteligencia israelíes, que fueron detenidos el 23 de marzo
pasado por intentar obtener de forma ilegal un pasaporte neozelandés
para utilizarlo en alguna operación encubierta. Clark señaló
que Israel había violado la soberanía y la ley de
Nueva Zelanda así como el Derecho Internacional al tratar
de conseguir de forma fraudulenta el pasaporte de un neozelandés
que se halla incapacitado por una parálisis cerebral. Según
el periódico New Zealand Herald, las agencias de inteligencia
de Nueva Zelanda habrían obtenido numerosas evidencias de
la implicación de los dos condenados en la trama. La propia
Clark subrayó además que había poderosas razones
para creer que los dos israelíes –Uriel Zosha Kelman,
de 31 años, y Elisha Cara, de 50- “estaban actuando
por cuenta del servicio de inteligencia israelí, Mossad”.
”Nueva Zelanda condena sin reservas estas acciones de las
agencias de inteligencia del gobierno de Israel”, manifestó
Clark, que desveló asimismo que su gobierno había
pedido al israelí una disculpa pública el pasado mes
de abril, pero éste se había negado a dar ninguna.
Clark anunció que Nueva Zelanda iba a suspender las visitas
de alto nivel a/de Israel, exigir visados a los israelíes
que visiten Nueva Zelanda y retrasar el otorgamiento del placet
al nuevo embajador de Israel. Asimismo, Clark ha anunciado que Nueva
Zelanda ya no está interesada en recibir al presidente israelí,
Moshe Katsav, que tenía prevista una visita al país
para el mes de agosto. Nueva Zelanda ha anunciado también
que va a reforzar el control sobre su sistema de pasaportes para
impedir que agentes extranjeros puedan volver a infiltrarse en él.
”Los agentes israelíes intentaron dañar la integridad
del sistema de pasaportes de Nueva Zelanda y podrían haber
creado considerables dificultades a los neozelandeses que viajen
al extranjero en un futuro. Este tipo de comportamiento es inaceptable
internacionalmente. Es un hecho lamentable que Israel haya llevado
a cabo de nuevo tales acciones contra un país con el que
mantiene relaciones amistosas”.
Clark recordó, en este sentido, que no era la primera vez
que Israel ha tratado de obtener de forma fraudulenta pasaportes
de otro país. “Agentes israelíes fueron atrapados
en 1997 cuando protagonizaban un intento infructuoso de asesinato
en Jordania mientras llevaban pasaportes canadienses. Aunque lamentamos
tener que hacerlo, Nueva Zelanda no tiene otra opción que
tomar las correspondientes medidas de respuesta para castigar esta
deliberada violación de su soberanía”.
Por su parte, el ministro de Exteriores neozelandés, Phil
Goff, señaló: “El mayor perjuicio que se ha
causado a Israel es el exponer públicamente las acciones
de sus servicios de inteligencia, que violan la soberanía
de otros estados y la ley internacional”.
Según indica el diario New Zealand Herald, el 23 de marzo
un hombre contactó con el Departamento de Pasaportes para
solicitar uno, pero no quería recogerlo personalmente. En
lugar de ello, deseaba que dicho pasaporte fuera enviado a la compañía
Travcour de Auckland, que está especializada en obtener visados
y documentos de viaje.
Más tarde, ese mismo día, un hombre contactó
con Travcour y pidió que el pasaporte fuera enviado a un
edificio de apartamentos en St. Paul, Auckland. Según el
sumario, cuando el paquete que contenía el pasaporte llegó
al edificio, Cara se encontraba en el lugar vigilando.
El director del edificio dijo a la policía que había
recibido la llamada telefónica de un presunto inquilino preguntando
si el paquete podría ser entregado allí. Tras obtener
una respuesta afirmativa, el comunicante manifestó entonces
que sería enviado un taxi para recoger el paquete.
Cara estaba sentado en un café cercano desde donde contempló
la llegada del taxi. Cuando el taxista se apeó y entró
en el edificio, Cara salió del café y lo siguió.
Lo que Cara no sabía es que él mismo estaba siendo
vigilado por la policía neozelandesa, que lo arrestó
en ese momento.
El taxista tenía la orden de llevar el paquete que iba a
recoger en el edificio de apartamentos a una determinada dirección
en Freemans Bay. Un oficial de policía acompañó
entonces al taxista hasta el lugar. Kelman estaba allí escondido
esperando para recoger el paquete. Al ver al taxista salió
rápidamente, pero fue también detenido.
El pasado 15 de julio, el Tribunal Supremo de Auckland sentenció
a Kelman y Cara a seis meses de cárcel y a una multa de 50.000
dólares neo zelandeses (32.800 dólares norteamericanos)
cada uno. El tribunal consideró probado que ambos formaban
parte de una célula del Mossad que estaba trabajando para
obtener pasaportes neozelandeses y emplearlos en operaciones secretas
del servicio de inteligencia israelí.
Durante su estancia en Nueva Zelanda, Cara se hizo pasar por un
agente de viajes de Sydney. Él había pasado cuatro
años residiendo en Australia, desde donde efectuó
24 viajes de ida y vuelta a Nueva Zelanda desde octubre de 2000.
Según las autoridades de Australia, su antigua residencia
en Turramurra, un suburbio de Sydney, que fue visitada por agentes
australianos en marzo tras el arresto de Cara en Nueva Zelanda,
parecía haber sido evacuada a toda prisa.
Por su parte, el canal One News de la televisión neozelandesa
informó también que había, al menos, otros
dos israelíes implicados en el escándalo. Uno de ellos
era un diplomático, Zev William Barkan, que fue quien solicitó
el pasaporte usurpando la identidad del neozelandés con parálisis
cerebral. Barkan, de 37 años, creció en Washington
y se llamó originariamente Zev Bruckenstein. Su padre fue
director de estudios religiosos en un sinagoga. Más tarde,
se instaló en Israel y fue buceador de la Marina israelí.
Posteriormente, trabajó como agregado en dos embajadas israelíes
en Europa: las de Viena y Bruselas, entre los años 1993 y
2001.
Barkan, que entró en Nueva Zelanda con un pasaporte de EEUU,
era el líder de la célula del Mossad. Los servicios
de inteligencia neozelandeses afirman que Barkan, que está
vinculado a una compañía de seguridad israelí
que opera en Australia, “visita con frecuencia Laos, Camboya,
Myanmar y Tailandia y mantiene tratos con grupos mafiosos de esos
países, que roban a los turistas occidentales sus bienes
y pasaportes”. Esta intervención de un diplomático
israelí en la trama es una prueba más de la implicación
del gobierno de Israel en ella.
Según señaló el 24 de julio el diario israelí
Haaretz, la policía de Nueva Zelanda está buscando
también a un ciudadano neocelandés, Anthony David
Reznik, por su implicación en la célula del Mossad.
Reznik trabajaba para una compañía de ambulancias
que proporcionó servicios al incapacitado con cuyo nombre
los agentes israelíes trataron de obtener el pasaporte. Al
día siguiente del arresto de Kelman y Cara, Reznik abandonó
el país en dirección a Hong Kong. Poco después,
su esposa e hijos abandonaron también Nueva Zelanda.
Reznik era un judío religioso, miembro del Consejo Judío
de Auckland. Algunos miembros de la comunidad judía manifestaron
que planeaba irse a vivir a Israel. Según se supo más
tarde, Reznik había vivido ya durante 13 años en Israel
y había servido en el Ejército israelí.
Hay que señalar que el Mossad puede operar con un número
muy reducido de agentes, debido al apoyo que recibe de las comunidades
judías locales, donde recluta agentes voluntarios dispuestos
a traicionar a sus países, que se conocen con el nombre de
sayanim. Existen miles de sayanim en todo el mundo. Estos judíos
viven una vida normal, pero son en realidad espías israelíes.
Su papel se limita, muchas veces, a proporcionar al Mossad ayuda
referida a su profesión. Así por ejemplo, uno de estos
agentes voluntarios que trabaje en una agencia de viajes puede proporcionar
al Mossad diversos documentos de viaje. De esta forma, el Mossad
puede mantener una presencia muy discreta en los países donde
actúa y evita que muchos de sus agentes corran riesgos.
Cabe indicar también que los agentes del Mossad israelí
utilizan regularmente pasaportes de distintos países para
enmascarar sus identidades. Los pasaportes de Nueva Zelanda resultan
especialmente útiles debido a la buena reputación
que ostenta ese país dentro del mundo árabe e islámico.
Esto explica que, a diferencia de lo que ocurre con otros países
occidentales, sus pasaportes no levanten sospechas. Estos pasaportes
permiten además acceder a EEUU sin necesidad de visado y
obtener fácilmente la residencia en el Reino Unido.
Los agentes del Mossad que fueron arrestados en Jordania cuando
trataban de asesinar al líder político de Hamas, Jalid
Meshaal, en septiembre de 1997 llevaban pasaportes canadienses,
al igual que los asesinos de tres coroneles de la Organización
para la Liberación de Palestina (OLP) en Limassol (Chipre)
en 1987. En 1998, agentes del Mossad fueron capturados en Chipre
cuando intentaban pinchar los teléfonos de varias embajadas
árabes. Posteriormente, agentes del servicio secreto israelí
fueron también detenidos por la policía suiza, en
Berna, mientras intentaban una operación similar. Más
recientemente, dos agentes israelíes, Udi Hargov y Igal Damary,
fueron detenidos y condenados a tres años de prisión
cuando intentaban penetrar en un área militar reservada de
la isla de Chipre. Presumiblemente, los agentes israelíes
trataban de obtener datos acerca de los misiles antiaéreos
de fabricación rusa que los grecochipriotas quieren desplegar
en la isla.
Hace varias semanas, Sharon nombró al general Meir Dagan,
que reprimió de forma sangrienta a los activistas palestinos
en Gaza en los años setenta, nuevo director del Mossad, lo
cual indica que este servicio va a relanzar su campaña de
asesinatos, como prueba la reciente muerte de Galib Awali, uno de
los líderes de Hezbollah, organización que expulsó
a los israelíes del Líbano en 2000, en un atentado
en Beirut. Este asesinato dio lugar a una acción de represalia
de Hezbollah en la frontera entre el Líbano e Israel, que
costó la vida a dos soldados israelíes.
El escándalo de la detención de los agentes del Mossad
en Nueva Zelanda podría, sin embargo, tener repercusiones
más amplias. Las autoridades neozelandesas han desvelado
que Kelman entró por primera vez en el país, hace
cinco años, con un pasaporte canadiense. Tras una permanencia
de ocho semanas, el agente israelí abandonó Nueva
Zelanda con otro pasaporte canadiense.
Un portavoz del Ministerio de Exteriores canadiense ha señalado,
a este respecto, que las autoridades de Canadá “están
estudiando el tema de la utilización de pasaportes canadienses”
por parte de agentes israelíes, aunque no precisó
si Ottawa había pedido una explicación oficial a Israel
acerca de los pasaportes utilizados por Kelman y otros de los miembros
de la célula de Nueva Zelanda. Algunas fuentes cercanas al
gobierno canadiense señalan que éste ha pedido efectivamente
explicaciones a Israel.
En 1997 la revelación de que espías israelíes
habían utilizado pasaportes canadienses en Jordania para
atentar contra la vida del ya mencionado Jalid Meshaal enfureció
al gobierno canadienses, que temía que los ciudadanos canadienses
que se hallaban en Oriente Medio fueran objeto de algún tipo
de represalia. El ministro de Exteriores de Canadá, Lloyd
Axworthy, ordenó entonces al embajador israelí, David
Berger, que abandonara el país.
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