|
uando, en 1961, los soviéticos erigieron el muro de Berlín
fue unánime el clamor del mundo libre contra esa decisión
de unos dirigentes totalitarios porque violaba el derecho de los
pueblos a comunicarse. Y los soviéticos construyeron el muro
en la zona de Alemania que les fue asignada. El Presidente Kennedy
voló a Berlín para denunciar ese abuso y declarar
ante el mundo Ich bin auch ein Berliner (Yo también soy un
berlinés).
El gobierno de Sharon está construyendo un infame muro que
intenta encerrar a la población palestina apropiándose
de tierras que ocupa como consecuencia de la guerra. Desde las resoluciones
del Consejo de Seguridad hasta la reciente sentencia del Tribunal
Internacional de La Haya, que representa a la comunidad internacional,
condenan esa acción criminal que divide a las familias, expropia
campos de cultivo, ciega pozos y desvía cursos de agua, aparte
de haber talado millares de árboles vitales para la subsistencia
del pueblo palestino.
El Tribunal Supremo de Israel ha dictado sentencia en contra de
esa edificación en tierras de Palestina. Muchos ciudadanos
del Estado de Israel también están en contra de esa
provocación que sólo reportará desgracias para
los mismos israelíes que están encerrándose
como en un gueto construido por su locura, mientras piensan que
cercan a los palestinos. A ellos también los encerraron en
guetos de espantosa memoria.
En un profundo artículo, el Magistrado del Tribunal Supremo
español, Martín Pallín, declara que la sentencia
del Tribunal de La Haya ha condenado la vulneración de las
leyes internacionales y ha plasmado en sus razonamientos que una
medida tan aberrante no encaja en el mundo de valores que pretenden
promover las Naciones Unidas. “Le guste o no al Gobierno de
Israel, el Tribunal tiene el respaldo y la legitimidad del único
organismo con autoridad mundial y actúa ajustándose
a criterios rigurosamente jurídicos en la interpretación
y aplicación de las normas del derecho internacional”.
Pues la privación de derechos que el muro supone para los
palestinos afecta a los derechos de "autodeterminación,
trabajo, asistencia social, salud, protección, educación
y libertad de movimientos".
La reacción de los dirigentes israelíes ha sido de
desprecio afirmando que la sentencia tiene que “ser arrojada
al cubo de la basura”. Otros han acudido a la peligrosa afirmación
de que “no nos entienden”. También los jerarcas
nazis y los dirigentes del totalitarismo soviético hacían
afirmaciones semejantes cuando el mundo libre condenaba sus leyes
racistas o sus deportaciones en masa. Hay muchas formas de practicar
el genocidio.
Ante el anuncio de que el Tribunal de la Haya promoverá una
resolución del Consejo de Seguridad, Israel ya ha anunciado
que pedirá a EEUU que vete cualquier resolución en
ese sentido. Muchas voces se alzan en el mundo para condenar la
nefasta influencia de los lobbies judíos en la política
exterior de Washington y en la misma desestabilización de
Oriente Medio.
La pretensión de que el muro evitará los ataques terroristas
es tan absurda como exterminar a los habitantes de un pueblo en
nombre de su seguridad.
La actitud de Ariel Sharon acusando a los jueces de "alentar
el terrorismo y de impedir a los países defenderse"
es tan irracional como suicida. Es del tipo de los planteamientos
que han causado tanto dolor en el pueblo judío que habita
la diáspora. Aquí no cabe presentarse como víctimas
de antisemitismo alguno. Pero el problema afecta a todos los judíos
del mundo. El Estado de Israel no podría subsistir sin la
ayuda de millones de judíos que habitan, como ciudadanos
de pleno derecho, en tantos países del mundo libre. No se
puede jugar a dos barajas.
Conseguir la destrucción de ese muro de la ignominia “es
una tarea en la que tiene que participar la población judía
que cree en la superioridad de los valores democráticos sobre
el terrorismo suicida. La soberbia decisión de aislar a unos
seres humanos con un muro de cemento sólo generará
más odio y violencia”.
De ahí nuestra llamada esperanzada a los millones de personas
de origen judío, pero no ciudadanos del Estado de Israel,
para que alcen su voz antes de que se produzca otro inadmisible
rechazo de personas inocentes y que tanto han aportado a las culturas
de los países del mundo en donde han sido acogidos y en donde
han disfrutado de la paz que brota de la justicia y del derecho.
Europa y en su extensión América son incomprensible
sin la aportación judeo-cristiana. En estos momentos, nosotros
también somos judíos.
*José Carlos Gª Fajardo es profesor de Hª
del Pensamiento Político (UCM) y
presidente fundador de la ONG Solidarios |