.REDACCIÓN
principios de mayo el nuevo presidente georgiano, Mijail Saakashvili
-que tomó el poder el pasado año tras el derrocamiento
del anterior presidente Eduard Shevardnadze en la llamada “Revolución
Rosa”-, puso fin al desafío separatista del líder
de la provincia rebelde de Ajaria, Aslan Abashidze, que había
sido uno de los aliados de Shevardnadze y se había negado
a reconocer al nuevo gobierno georgiano tras la dimisión
de aquel. Abashidze, que mantiene estrechos lazos con los círculos
políticos y militares dominantes en Moscú, fue también
el mediador que contribuyó al acercamiento de Shevardnadze
a Rusia en los últimos meses de su mandato. La rebelión
de Abashidze contra el poder central de Tbilisi acabó, no
obstante, a principios de mayo cuando se produjeron numerosas manifestaciones
en su contra en Ajaria. Saakashvili envió entonces tropas
a la zona, suprimió el cargo de líder de la provincia
e impuso un gobierno presidencial directo en ella. Por su parte,
Abashidze huyó a Rusia.
Los acontecimientos de Ajaria causaron una notable conmoción
en las otras dos repúblicas separatistas, Abjazia y Osetia
del Sur, que han declarado formalmente su independencia de Georgia.
Ambas repúblicas han pedido su entrada en la Federación
Rusa y mantienen una actitud pro rusa que contrasta con la posición
abiertamente pro norteamericana de Georgia. Por su parte, EEUU,
el principal aliado de Georgia, celebró la “pacífica
restauración de la autoridad de Tbilisi” en Ajaria.
El gobierno estadounidense está muy interesado en la estabilidad
política de Georgia, por cuyo territorio pasará el
oleoducto Bakú-Ceyhan, destinado a transportar el petróleo
de Azerbaiyán, y quizás el de otras zonas del Caspio,
hasta el mar.
Incidentes en la frontera
Tal y como los abjazios y osetios temían, la victoria de
Saakashvili en Ajaria pronto llevó al presidente georgiano
a tratar de resolver por medio de la fuerza el desafío secesionista
que planteaban las dos repúblicas. Pocas semanas después
del fin de la crisis de Ajaria, la tensión comenzó
a incrementarse en Osetia del Sur, una región situada en
el montañoso norte de Georgia, junto a la frontera rusa.
Osetia del Sur se separó a principios de los noventa de Georgia
y proclamó su independencia. Desde entonces, no ha ocultado
su intención de unirse a Osetia del Norte, una región
similar desde el punto de vista étnico y cultural, que pertenece
a Rusia. Pese a todo, Georgia ha logrado mantener una pequeña
presencia militar en algunas zonas de Osetia del Sur.
El origen de la actual crisis se remota a principios de julio, cuando
militares georgianos quisieron establecer un puesto de control aduanero
en la principal carretera que une Osetia del Sur con Rusia. Esto
fue considerado una provocación por el gobierno independentista
osetio y, como represalia, los osetios cortaron la carretera en
diversos puntos.
La tensión se incrementó el 6 de julio, cuando militares
georgianos interceptaron un convoy militar que contenía armas
dirigidas al contingente ruso de mantenimiento de la paz en la región,
creado a raíz de los Acuerdos de alto el fuego de 1992. Los
georgianos se incautaron concretamente de 160 misiles que iban en
el convoy.
Ante esta provocación era seguro que Rusia y Osetia del Sur
tomaran algún tipo de represalia, como efectivamente sucedió.
Dos días después del incidente, 200 milicianos osetios
detuvieran en la zona fronteriza entre Georgia y Osetia del Sur
a unos 40 soldados georgianos e hirieron a otros dos. La televisión
rusa emitió imágenes de los soldados georgianos de
rodillas y con las manos en la cabeza.
Poco después de su captura y tras ser interrogados, todos
los soldados georgianos, excepto tres, fueron puestos en libertad,
no sin antes desfilar por las calles de la capital de Osetia del
Sur, Tsjinvali, con sus brazos levantados en señal de rendición.
El propio presidente de Osetia del Sur, Eduard Kokoity, acusó
posteriormente a los tres retenidos de no ser miembros del ejército
georgiano, sino “miembros de un grupo paramilitar” que
intenta desestabilizar a Osetia del Sur. Por su parte, Moscú
pidió la inmediata devolución de las armas incautadas
y acusó a Georgia de enviar 3.000 soldados a Osetia del Sur,
“que no tienen relación alguna con operación
de mantenimiento de la paz”.
El 8 de julio se produjeron diversos enfrentamientos armados en
la frontera y Kokoity advirtió que “estamos al borde
de un conflicto armado en gran escala”. Kokoity señaló
también que Georgia estaba preparando una intervención
militar contra Osetia del Sur.
Ante el aumento de la tensión Saakashvili acortó una
visita a Irán y regresó precipitadamente a Tbilisi.
Por su parte, el primer ministro georgiano, Zurab Zhvania, manifestó
que “todo el mundo se halla en su puesto por si se produce
una movilización”. Además, culpó no sólo
a “las autoridades criminales de Osetia del Sur”, sino
también al “país al que le corresponde la responsabilidad
de la misión de mantenimiento de la paz en la región”,
es decir, Rusia. Zhvania había ya denunciado en otra ocasión
“el apoyo de una parte de la élite política
y militar rusa” a Osetia del Sur. 
Saakashvili acusó, por su parte, el día 10 de julio
a Rusia de tener “tentaciones imperialistas” y advirtió
a Moscú en contra de una posible implicación “en
un conflicto militar en Georgia”. Durante un acto político
celebrado en Tbilisi en favor de la política de su gobierno
en el tema de Osetia del Sur, Saakashvili manifestó que “la
actual crisis en esta región no es un problema entre georgianos
y osetios, sino entre Georgia y Rusia”. El presidente georgiano
dijo también que había celebrado conversaciones con
el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, y con la consejera
de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, con el fin de analizar
la situación. El primer ministro, Zurab Zhvania, ha mantenido
asimismo contactos con el embajador estadounidense en Georgia, Richard
Miles. Todo esto prueba, una vez más, los fuertes vínculos
del actual poder georgiano con Washington.
Durante el transcurso de la crisis, Saakashvili realizó también
un viaje a Londres, donde se entrevistó con el primer ministro,
Tony Blair, y recabó apoyos para la posición georgiana
en el conflicto. En un encuentro con periodistas en la capital británica,
el presidente georgiano reveló que, además de los
asesores estadounidenses y turcos presentes en Georgia, el Reino
Unido había enviado 160 miembros del cuerpo de operaciones
especiales al país con el fin de entrenar a las tropas georgianas.
Este asesoramiento hacía que los soldados georgianos fueran,
según Saakashvili, “superiores a cualquier regimiento
ruso existente en cualquier parte de Rusia”.
De esta forma, y pese a su labor de mediación para evitar
un conflicto armado entre ambas partes, Rusia es vista por los georgianos
como el principal obstáculo para el logro de una solución
al conflicto de Osetia del Sur, que, según ellos, ha de pasar
por la recuperación de la soberanía georgiana sobre
la provincia rebelde, algo a lo que los osetios no están,
sin embargo, dispuestos. Aunque Rusia reconoce formalmente la pertenencia
de Osetia del Sur y Abjazia a Georgia, Moscú ha venido prestando
apoyo económico y político a las dos repúblicas
como forma de presionar al gobierno georgiano para que adopte una
política exterior más neutral, y no tan pro occidental
como hasta la fecha, y detenga su acercamiento a la OTAN. Ambas
repúblicas separatistas están integradas económicamente
en Rusia –el rublo ruso es una moneda de uso corriente en
ellas- e incluso gozan de ventajas en la obtención de visados
que no tiene el resto de Georgia. Se calcula también que
el 80% de los osetios del sur poseen pasaportes rusos, un hecho
éste particularmente significativo, pues implica que una
gran mayoría de la población de esta provincia no
tiene interés en reintegrarse en Georgia, sino más
bien en estrechar aún más sus vínculos con
Rusia. En el terreno militar existe también una completa
dependencia de Moscú, ya que el ministro de Defensa de Osetia
del Sur es un coronel ruso, Anatoli Barankevich, un veterano de
las guerras de Afganistán y Chechenia.
Las autoridades georgianas han acusado al jefe de las fuerzas de
pacificación rusas, Sviatoslav Nabzdorov, de adoptar una
posición descaradamente pro osetia. “Las fuerzas de
pacificación rusas están completamente del lado de
los separatistas”, señaló recientemente el presidente
Saakashvili. “Ha llegado, pues, el momento de revisar el mandato
de las operaciones de paz en la zona del conflicto”.
Por su parte, Rusia insiste en que la presencia de sus tropas resulta
indispensable para evitar un baño de sangre y ha reiterado
que va a mantener su papel de garante de la paz y estabilidad en
Osetia del Sur. “Resulta claro que las fuerzas de pacificación
rusas han cumplido una importante misión desde que fueron
desplegadas en la región”, declaró recientemente
el presidente del Consejo de Seguridad Nacional de Rusia, Igor Ivanov.
“Ellas continuarán cumpliendo su misión en el
futuro”, añadió. Osetia del Sur, por su parte,
ha acusado a la Organización para la Cooperación y
Seguridad en Europa (OSCE) de alinearse con Georgia en la crisis
y de mantener una postura antirrusa, tanto en éste como en
otros conflictos de la zona.
Negociaciones a tres bandas
Deseoso de evitar un enfrentamiento con Rusia, pese a sus bravatas
verbales, el gobierno georgiano envió a principios de julio
a su consejero de Seguridad Nacional, Gela Bezhuashvili, a Moscú
para llevar a cabo negociaciones con las autoridades rusas.
Dichas negociaciones concluyeron el 15 de julio, cuando las representaciones
de Georgia y Osetia del Sur en la Comisión Conjunta de Control
firmaron en la capital rusa un protocolo por el que se comprometían
a resolver el conflicto de forma pacífica, según señala
la agencia Interfax. La Comisión incluye representantes de
Rusia, Georgia y Osetia del Sur, así como de la provincia
rusa de Osetia del Norte.
Sin embargo, y pese al éxito de estas conversaciones, ambas
partes han continuado acumulando tropas. Las autoridades osetias
han acusado a Georgia de enviar a 600 soldados del Ministerio del
Interior al distrito de Dzhava. Por su parte, Georgia se queja de
que unos 2.000 combatientes de todas las zonas del Cáucaso
ruso han llegado a Osetia del Sur con el fin de luchar, si llega
el caso, contra los soldados georgianos. Además, según
el gobierno de Tbilisi, varios cientos de vehículos acorazados
rusos y 80 unidades de artillería autopropulsada han sido
llevados a Tsjinvali, con el fin de reforzar a las fuerzas osetias.
El 19 de julio, cuatro días después de la firma del
acuerdo, se produjeron importantes choques armados entre fuerzas
osetias y georgianas. Aunque tales enfrentamientos no tuvieron la
entidad de los habidos el 8 y 9 de julio, sí sirvieron para
poner de relieve la fragilidad del acuerdo.
En realidad, no es previsible que se produzca un arreglo a la crisis
de Osetia del Sur y Abjazia a corto plazo. Aunque Moscú no
ha accedido a los requerimientos de ambas repúblicas para
integrarse en la Federación Rusa, no es nada probable de
que vaya a abandonar a estos aliados.
Por su parte, Saakashvili reiteró el pasado 21 de julio en
un discurso pronunciado en el Parlamento de la provincia de Ajaria
que Georgia mantendría sus fuerzas en Osetia del Sur y tomaría
pasos “lógicos y basados en principios” para
restaurar la autoridad de Tbilisi sobre ambas provincias, si bien
manifestó que haría “todo lo posible”
para evitar un conflicto armado”. No obstante y pese a tales
declaraciones, es difícil pensar cómo Georgia podría
tomar el control de Osetia del Sur y Abjazia sin un enfrentamiento
armado con las autoridades y la población de estas provincias,
que no desean en modo alguno pertenecer a Georgia. Hay que tener
en cuenta también que Georgia nada puede hacer frente a su
gran vecino Rusia.
Pese a las estrechas relaciones entre Georgia y EEUU resulta claro
que Washington no va a arriesgarse a una crisis con Rusia por causa
de los problemas internos de Georgia, y menos aún teniendo
en cuenta que un conflicto de este tipo tendría funestas
consecuencias para la construcción y desarrollo del oleoducto
Bakú-Ceyhan, que continúa siendo el primer objetivo
político y económico de EEUU en la zona. En lo que
se refiere a la Unión Europea, cabe señalar que aunque
el Consejo de Europa ha optado por incluir la crisis de Osetia del
Sur en el orden del día de su próxima sesión,
a pesar de las fuertes objeciones de Moscú, es improbable
que esta institución europea vaya más allá
de emitir una declaración formal.
Así pues, actualmente existen sólo dos opciones para
la resolución del conflicto de Osetia del Sur y Abjazia.
O bien se consolida definitivamente la independencia de ambas repúblicas,
posibilidad ésta bastante dudosa dada la sensibilidad georgiana
en este tema, o bien se llega a una fórmula que contemple
una integración de las dos provincias en Georgia con un alto
grado de autonomía para cada una de ellas. Esta fórmula
exigiría en todo caso el acuerdo de Moscú, pero es
difícil que éste vaya a producirse mientras que Rusia
no tenga garantías de que se va a producir una reorientación
de la política exterior de Georgia hacia una postura más
neutral y equilibrada. Los dirigentes rusos saben que la crisis
provocada por la secesión de ambas repúblicas continúa
siendo la mejor garantía de que Georgia no entrará
a formar parte de la OTAN, ya que es seguro que esta organización
nunca admitirá en su seno a un país que mantenga un
enfrentamiento serio de carácter político o militar
con Rusia. |