¿Está Francis Fukuyama perdiendo la fe? En 1989
el filósofo norteamericano, considerado como uno de los fundadores
del grupo de los neoconservadores, proclamó el “fin de
la Historia”. Su tesis era que la democracia liberal y la globalización
iban a dominar el mundo tras la caída del bloque soviético.
Sin embargo, quince años después y con la intifada en
su cuarto año, los israelíes no están muy se guros
de que la tesis de Fukuyama del fin de la Historia sea cierta. En
un reciente viaje a Tel Aviv, donde pronunció una conferencia
–compartiendo mesa con dos antiguos primeros ministros israelíes,
Simón Peres y Benyamin Netanyahu-, Fukuyama dudó al
serle preguntado si su tesis era también aplicable al mundo
islámico. Por su parte, Peres manifestó que podríamos
no estar ante el fin de la Historia, sino de una cierta historia,
refutando así la tesis de Fukuyama. El otro interviniente,
Netanyahu, mostró su apoyo a algunos aspectos de la tesis,
en especial en lo que se refiere a la “necesidad moral”
de extender la democracia. Él sugirió en este sentido
que le gustaría ver cómo la democracia llega a algunos
lugares como ¡Palestina!. La cuestión que Netanyahu no
respondió fue cómo era posible construir una democracia
a la sombra de los tanques y helicópteros israelíes.
Fukuyama sorprendió a todos, sin embargo, al señalar
en su conferencia que estaba en contra de la política de la
Administración Bush y que no pensaba votar a favor del actual
presidente en las próximas elecciones de noviembre. Asimismo,
afirmó que su viejo amigo, Donald Rumsfeld, debía dimitir.
En 1997, Fukuyama firmó, junto con Dick Cheney, Donald Rumsfeld,
Paul Wolfowitz y Jeb Bush, una declaración titulada “El
Proyecto para un Nuevo Siglo Americano”, que sentó las
bases para la creación del grupo de los neoconservadores. Sin
embargo, tras los atentados del 11-S, Fukuyama comenzó a distanciarse
de sus antiguos amigos. La guerra de Iraq, a la que Fukuyama se opuso,
constituyó otro paso más en su alejamiento de la Administración
Bush.
Fukuyama se encuentra irritado en la actualidad con el gobierno estadounidense
porque éste se ha negado a admitir el fallo que cometió
al invadir Iraq. Antes del conflicto, Fukuyama había advertido
que, tras la invasión, Iraq se vería arrastrado a una
guerra de guerrillas y que el terrorismo experimentaría un
fuerte crecimiento a nivel internacional.
Michael Berg, padre de Nick Berg, un norteamericano que fue decapitado
en Iraq presuntamente por alguno de los grupos insurgentes como represalia
por las torturas a prisioneros iraquíes en la prisión
de Abu Graib, se ha destacado en las pasadas semanas por su activa
oposición a la política norteamericana en Oriente Medio
y, más concretamente, a la ocupación de Iraq.
Pese a la ira que siente hacia los que mataron a su hijo, Berg ha
manifestado que comprende su punto de vista y el sufrimiento que les
ha causado la invasión estadounidense. Sin embargo, considera
que ellos deberían de emular el modelo de protesta no violenta
utilizado por Mahatma Gandhi en la India, y que consiguió liberar
a todo un pueblo de la esclavitud del colonialismo británico.
Berg ha culpado a la Administración Bush por la muerte de su
hijo y ha señalado que sus puntos de vista contrarios a la
guerra no han cambiado tras ese hecho. “Soy una persona retirada
que protesta contra la guerra siempre que tengo oportunidad. Irónicamente,
las oportunidades que he tenido para hacerlo desde que mi hijo ha
muerto se han incrementado notablemente. Me siento en la obligación
de aprovecharlas y no me siento avergonzado por ello en absoluto”.
En este mismo sentido, Berg ha condenado como una farsa la “transferencia
de soberanía” en Iraq y ha señalado que el pueblo
de Oriente Medio “no se dejará engañar”
por este hecho. “Hemos invadido una nación soberana.
Eliminamos al gobierno que tenían. ¿Era un buen gobierno?.
No lo creo. ¿Era Saddam Hussein una buena persona? . Parece
que no. Sin embargo, eso no nos daba el derecho a ir allí e
invadir el país”.
Berg ha denunciado además que la prensa norteamericana no le
ha dejado contar su historia. Él afirma haber sido censurado
en los medios cuando ha tratado de expresar sus puntos de vista políticos.
En una ocasión, se le pidió que quitara una camisa que
llevaba con el lema “Traed las tropas a casa” antes de
ser entrevistado por una cadena de televisión. Cuando se negó
a hacerlo, los productores limitaron las tomas de Berg a su cara para
evitar que se viera la camisa.
Los mexicanos se están preguntando hoy en día quién
es de verdad su auténtico presidente, ¿Vicente Fox
o su polifacética esposa Marta Sahagún de Fox? Muchos
de ellos responderían que esta última, a juzgar por
su continua injerencia en los actos del Gobierno y la Administración.
La oposición del Partido Revolucionario Institucional (PRI)
ha acusado ahora a la primera dama de estar implicada en un escándalo
de corrupción. Este escándalo comenzó cuando
el Senado mexicano detectó un desvío de más
de 200 millones de pesos desde la Lotería Nacional a grupos
económicos y organizaciones privadas vinculados a la familia
presidencial. Por su parte, Marta ha dicho que “todo es una
coincidencia”. Algunas voces maliciosas han apuntado a que
este dinero podría estar destinado a financiar la campaña
electoral de la primera dama, que no oculta su intención
de concurrir a la Presidencia cuando termine el mandato de su marido
en 2006.
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