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La Administración Bush estudia fórmulas para un posible aplazamiento de las elecciones presidenciales

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REDACCIÓN

E l pasado 10 de julio el semanario norteamericano Newsweek desveló una inquietante noticia. Según dicha publicación, algunos miembros de la Administración Bush habrían pedido informes acerca de la procedencia de un posible aplazamiento de las elecciones presidenciales de noviembre en el caso de un ataque terrorista de Al Qaida. La controversia se inició tras conocerse que el presidente de la Comisión de Asistencia Electoral, el reverendo DeForest B. Soaries –que ha sido nombrado miembro de dicha comisión por el propio Bush-, habría dirigido una carta al Departamento de Seguridad de la Patria en la que le pedía que buscara asesoramiento legal para posponer las elecciones en caso de un ataque terrorista.
Tras señalar en la carta que el Ejecutivo carecía del poder para cancelar o cambiar la fecha de unas elecciones de carácter federal, Soaries proponía que el Congreso aprobara una legislación que diera al Gobierno dicha facultad, haciendo notar que la Junta Electoral de Nueva York había suspendido las elecciones primarias que iban a tener lugar el 11 de septiembre de 2001, día de los atentados en Nueva York y Washington. El secretario de Seguridad de la Patria de EEUU, Tom Ridge
Más tarde, el Departamento de Justicia y el de Seguridad de la Patria, encabezados respectivamente por John Ashcroft y Tom Ridge, habrían estado examinando diversas fórmulas para posponer las elecciones de noviembre en el supuesto de un atentado terrorista cometido en un día próximo a las mismas. Más concretamente, el Departamento de Seguridad de la Patria habría pedido a la Oficina de Asesoramiento Legal del Departamento de Justicia que analizara qué pasos legales serían necesarios, en su caso, para posponer los comicios.
La reacción política a la publicación de estas revelaciones en Newsweek no se hizo esperar. Algunos congresistas demócratas manifestaron que tal paso equivaldría a “la rendición de una democracia frente al terrorismo”. La congresista demócrata Nancy Pelosi, de California, criticó cualquier intento de posponer las elecciones. “El Departamento de Seguridad de la Patria no debería provocar el miedo o instigar la incertidumbre en torno a las elecciones. Si los responsables de la Administración Bush tienen evidencias que prueben la necesidad de posponer las elecciones deben compartirlas inmediatamente con el Congreso. De lo contrario, deberían de abandonar esa estrategia del miedo”.
Numerosos medios de prensa estadounidenses han recordado también que el país celebró elecciones incluso durante la Guerra Civil y las dos guerras mundiales. En el plano internacional, muchos países en guerra o con graves problemas de terrorismo han celebrado igualmente elecciones de modo normal por lo que parece notablemente exagerado el pensar que un solo acto terrorista en EEUU pueda constituir una justificación suficiente para proceder a tomar semejante medida. Esto demuestra claramente que la intención que se oculta detrás de esta propuesta tiene una base completamente diferente.

Cancelación de las elecciones primarias republicanas

Las informaciones que hablan de un posible aplazamiento de las elecciones no han sido el único factor perturbador de la democracia que ha tenido lugar en EEUU en el presente año. En realidad, el Partido Republicano ha cancelado este año en numerosos estados las elecciones primarias, en las que se iba a elegir al candidato republicano para las presidenciales de 2004. De esta forma, mientras que los demócratas concurrieron a las urnas en todos los estados para elegir al candidato a presidente y a los delegados que iban a concurrir a la Convención del partido, el Partido Republicano prefirió realizar este proceso de forma interna en conferencias estatales. La razón oficial que se dio para esta conculcación del proceso electoral normal fue que los líderes republicanos daban por segura la elección de Bush de nuevo como candidato y preferían destinar el dinero que hubieran costado las primarias a fortalecer la campaña de Bush para las elecciones de noviembre.
La verdadera razón, sin embargo, era otra. La contestación a la política belicista de Bush ha llegado también a las filas republicanas, donde muchos políticos y analistas cuestionan ya abiertamente la política sobre Iraq. Los líderes del Partido Republicano temían que estas divisiones salieran a la luz y dañaran la imagen de unidad interna que intentan transmitir a la opinión pública estadounidense.
Este descontento se ha dejado ver en algunos estados donde sí se han podido celebrar elecciones primarias republicanas. En New Hampshire, por ejemplo, un 22% de los electores republicanos votaron por una candidatura diferente a la de Bush. En Rhode Island, esta proporción fue superior al 15% y en Idaho y Oklahoma, al 10%. En el estado de Texas, de donde Bush es originario, más de 50.000 electores republicanos optaron por otras candidaturas. La mejor forma de evitar, pues, resultados embarazosos para Bush era cancelar las primarias.El fiscal general de EEUU, John Ashcroft
Hay que recordar, además, que las actuales elecciones tienen lugar en un nuevo marco, en el que los poderes de las agencias de seguridad se han expandido de una forma sin precedentes. La Sección 215 del Acta Patriótica permite a estas agencias gubernamentales reunir todo tipo de información sobre los ciudadanos estadounidenses, incluyendo el tipo de libros que compran o que toman prestados en las bibliotecas.
Recientemente, un grupo de congresistas demócratas y republicanos presentó una enmienda que intentaba proteger los derechos de los ciudadanos estadounidenses en este terreno. Esta enmienda habría impedido al Gobierno utilizar la Sección 215 para ir al tribunal secreto federal y conseguir una orden, que el tribunal no puede prácticamente negar, con el fin de conseguir los archivos de lectura de los ciudadanos. La Administración Bush amenazó con vetar esta propuesta de ley y los republicanos de la Cámara de Representantes bloquearon su aprobación.
Hay que recordar también que las primeras sugerencias sobre un aplazamiento de las elecciones comenzaron a tomar forma después de que el candidato demócrata a la Presidencia, John Kerry, escogiera como vicepresidente a John Edwards, el senador demócrata por Carolina del Norte, que quedó en un segundo lugar en la mayoría de los estados en los que se celebraron las primarias. Esta elección ha mejorado, de hecho, las expectativas de Kerry de cara a las elecciones de noviembre y ha llenado de pánico y preocupación a muchos círculos republicanos que temen no sólo una pérdida del poder, sino también que una posible investigación futura saque a la luz todo un cúmulo de irregularidades cometidas por ellos.

La amenaza del autoritarismo

La cancelación de las elecciones primarias republicanas y las sugerencias de un posible aplazamiento de los comicios presidenciales por parte de algunos de los miembros de la Comisión de Asistencia Electoral muestran a las claras que existe una corriente autoritaria dentro de la Administración Bush que está dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de evitar la pérdida del poder.
En los pasados meses numerosas alertas han sido dadas por los altos responsables de la Administración Bush, que han estado tratando de convencer al pueblo norteamericano de la inevitabilidad de un nuevo atentado terrorista, que nunca se produce. Esto demuestra que el gobierno de EEUU está utilizando el arma del miedo con el fin de mantener al pueblo estadounidense sumido en un estado de ansiedad con el fin de que admita los continuados ataques a las libertades públicas que se han llevado a cabo en estos años de mandato de Bush. El otro objetivo es convencer al pueblo estadounidense de que los terroristas quieren atacar para hacer perder al pueblo norteamericano la confianza en su Gobierno. Así pues, el no votar a Bush en noviembre equivaldría de hecho a “capitular ante los terroristas”. Ello demuestra también que Al Qaida sigue siendo, como lo ha sido siempre, el instrumento necesario que estos círculos extremistas del poder norteamericano necesitan y utilizan para echar a los soviéticos de Afganistán, poner en marcha sus planes para invadir Afganistán e Iraq o recortar las libertades y crear un estado policial en EEUU.
Los llamamientos de algunos políticos demócratas en favor de mantener la fecha de las elecciones “para no dar una victoria a los terroristas” son un tanto ingenuos por cuanto hacen efectivamente el juego a aquellos que utilizan la excusa del terrorismo simplemente para conseguir sus fines antidemocráticos. Lo que realmente está en juego es la supervivencia del sistema democrático en EEUU y la amenaza a tal supervivencia no proviene de ningún factor externo, sino de un peligroso grupo de extremistas situados dentro de la actual Administración estadounidense o vinculados a ella, que han estado empeñados en el más grave ataque a las libertades que se ha producido jamás en EEUU. Sólo una movilización de la población estadounidense en contra de estos sectores y sus planes podrán llevar finalmente a su derrota.